Observemos la salud actual de nuestros partidos políticos: el PP, en proceso de recomposición tras la mayor crisis de su historia; Podemos, atomizado y sin liderazgo; Ciudadanos, casi desaparecido; y… Yolanda Díaz, sin partido y sin proyecto propio. Solo queda Vox y en el extremo. ¿No va a aprovechar Pedro Sánchez la debilidad de sus adversarios para convocar elecciones generales?

El PP acaba de sufrir la mayor crisis interna de su historia, la cual ha provocado la dimisión de facto de su presidente, la marcha de su secretario general, el abandono de su portavoz nacional y la convocatoria de un Congreso Extraordinario donde elegirán a Alberto Núñez Feijóo como nuevo líder: él será el presidente del partido y, salvo sorpresa, el candidato a la presidencia del Gobierno de España. Para que el liderazgo se consolide y comience a dar frutos, el PP necesita tiempo y cierto silencio, coser las costuras rotas, recuperar la confianza interna y hacerse con la confianza de los electores. Hasta que eso ocurra, si es que ocurre, sufrirá una travesía en el desierto cuya duración es un misterio y de la que saldrá más fuerte o más debilitado en función de las decisiones que tome y de la estrategia política que decida. Observando los retos a los que se enfrenta, el camino será arduo y exigirá audacia e inteligencia política. Lo normal es que el PP vuelva a ocupar su espacio… pero habrá que ver con cuánta fuerza y, sobre todo, cuál es ahora su espacio o, mejor dicho, cuánto espacio le queda.

El PP es hoy un partido en crisis, grogui, a la espera de acontecimientos, sin proyecto político definido, impotente para sacar a Pedro Sánchez de la Moncloa y con Vox tocándole las narices y pisándole los talones. Ante semejante panorama, el PP deberá desplegar una nueva estrategia para recuperar su espacio electoral natural, achicar espacio al partido de Santiago Abascal y definir un proyecto que ilusione a sus antiguos votantes y al menos a parte de los que no lo han sido nunca para, tras las próximas elecciones generales, poder formar gobierno y sustituir al de Pedro Sánchez y Podemos.

No es una misión imposible pero a día de hoy es ciertamente dificultosa y llena de aristas y opciones contrapuestas y contradictorias: si se centra, puede dejar más espacio a Vox, que ha venido para quedarse; si se ensancha hacia su derecha, puede legitimarlo y, a la vez, perder electores de centro. Esto podría corregirse con una estrategia compartida por líderes que ocupen distintos espacios ideológicos y electorales complementarios (simbióticos y no contradictorios), como el PSOE lo ha hecho a lo largo de su historia (y no digamos el PNV). Y entretanto, definir su relación postelectoral con Vox: sin su apoyo, con apoyos parlamentarios puntuales o dentro del gobierno, para todo lo cual deberá antes cosechar un resultado electoral que ahora mismo se antoja inalcanzable. Lo curioso es que una cosa llevará a la otra: si se aleja, es posible que luego lo necesite más; si ocupa parte de su espacio, es posible que lo necesite menos. Decida lo que decida, lo único imprescindible será mantener como partido los atributos que caracterizan a un buen líder: conocimiento de la realidad social, credibilidad, confianza y capacidad dialéctica o de comunicación. Si duda o se acompleja, los electores le darán la espalda.

Ciudadanos, tras la catástrofe estratégica y electoral de Rivera, se encuentra bajo mínimos, al borde de su desaparición definitiva. Sin embargo, ahora que apenas tiene representación institucional, se antoja más necesario que cuando aspiraba a todo. E Inés Arrimadas ha variado la estrategia de Rivera: en lugar de oposición frontal al gobierno de Sánchez y negativa siquiera a dialogar, oposición constructiva y búsqueda de pactos, que nunca deben ser gratis sino negociados, con el objetivo de condicionarlo. En todo caso, ahora resulta ser un adversario menor y las encuestas apenas le otorgan representación; sobrevivir a unas nuevas elecciones generales es ahora mismo a lo que puede aspirar.

En cuanto a Podemos, se encuentra en una situación de atomización y falta de liderazgo. Ione Belarra no es Pablo Iglesias, por mucho que lo intente: aquel era un cínico y habilidoso killer político; y esta, como Irene Montero, una joven inexperta con un discurso adolescente. Y su posición en relación a la guerra de Putin es el último ejemplo: bien cuando abogan por vías diplomáticas para parar la guerra mientras Putin masacra civiles, bien cuando llaman al PSOE  “el partido de la guerra”, partido con el que gobierna y de cuyo gobierno son ministras. Si lo hiciera Pablo Iglesias, sería una provocación para que adelante elecciones; si lo hacen Belarra o Montero, más bien parece un ruego para que no las convoque. Además, no hay nadie que aglutine a todas las familias políticas que conforman Podemos, por lo que podría desmembrarse y saltar por los aires.

Yolanda Díaz, por su parte, inició un proceso que llamó de conversación con la sociedad española para supuestamente construir un nuevo proyecto que unificara a la izquierda fuera del ámbito del PSOE. Aquella fue una operación de propaganda de una vacuidad asombrosa, y parece no haber resultado. Y ahora está más en consonancia con el PSOE que con sus supuestos compañeros de partido. Acaba de apoyar el envío de material ofensivo a Ucrania, en contra del criterio de los principales líderes de la formación morada, cuya posición ante la guerra de Putin puede ser la razón definitiva que elija Sánchez para convocar elecciones generales. Y, a la vista de sus últimos movimientos, las actitudes y los posicionamientos, me da por pensar que ese proyecto de Yolanda Díaz podría encontrarse finalmente dentro del ámbito del PSOE; tan dentro, que es posible que sea el propio PSOE. Y, puestos a imaginar, incluso puede que incluya a Iñigo Errejón, quien no tiene fuerza suficiente para ser líder de nada pero que como actor secundario tiene su encanto.

Imagínense el panorama electoral: el PP, pendiente de definir su nuevo proyecto; Podemos, atomizado, desdibujado y sin liderazgo; Ciudadanos, casi desaparecido; Yolanda Díaz, divorciada de Podemos. Y enfrente, Vox. ¿Puede haber un escenario mejor para Pedro Sánchez? Por eso creo que convocará elecciones. Además, hay un dato adicional que me hace pensar que habrá convocatoria electoral en breve. Que Pedro Sánchez dijo que no la habría.

(Publicado en Vozpópuli el 8 de marzo de 2022)