La obsesión del PP con UPyD.

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Vaya por delante que creo que es perfectamente comprensible que el PP, y especialmente el PP vasco, viva obsesionado con UPyD. Al fin y al cabo, el PP es una de las dos patas del bipartidismo, acérrimo defensor del statu quo vigente y contrario a cualquier tipo de reforma que perjudique sus intereses particulares o partidarios, bien sea la reforma de la ley electoral, la supresión de las diputaciones provinciales o la fusión de municipios, entre otros muchísimos. Nuestra existencia deja en evidencia su conservadurismo más reaccionario.

De hecho, quienes durante estos tres años y medio me han dicho cosas más gruesas en el Parlamento Vasco han sido seguramente los diputados del PP, tan constitucionalistas ellos. El primero en mostrar públicamente muchos nervios fue Antón Damborenea, quien me mandó «a Madrid» cuando critiqué el Concierto Económico, al más puro estilo nacionalista de mandar para la capital a todos los vascos que osan no ser nacionalistas. Por su parte, Antonio Basagoiti cita a UPyD incluso cuando le preguntan por el Athletic, cualquier excusa le vale: lo hizo cuando intervino hace unos meses en el Fórum Europa en Bilbao, ante la sorpresa general, y sin que nadie le preguntara nada: «no nos preocupa UPyD y no tiene ninguna posibilidad de continuar en el Parlamento Vasco», a lo que respondió rápidamente un compañero de su partido sentado a mi derecha: «¿entonces para que lo citas?». Ayer mismo volvió a hacerlo en eso que se llama «El Gato al agua», para criticar con mentiras que Rosa no haya renunciado a una supuesta pensión vitalicia a la que no tiene derecho… precisamente por una iniciativa nuestra en el Parlamento Vasco. Aún recuerdo la posición política del PP defendida en la ponencia: no la expresaré públicamente por cortesía parlamentaria. Por su parte, el inactivo Iñaki Oyarzábal se ha visto contra las cuerdas en innumerables ocasiones: tuvo que desperezarse ante iniciativas nuestras referidas a la supresión de las multas lingüísticas, la libertad de elección lingüística en la educación pública o la supresión de las discriminaciones por razón de lengua en el acceso a un empleo en la Administración. Casi siempre perdió los nervios porque comprendió que UPyD no iba a ceder ante la presión nacionalista. Y así unos cuantos más, casi todos, quienes habitualmente citaron a Rosa para vilipendiarla, poniendo en evidencia sus complejos y nervios. La última es bastante conocida: Mari Mar Blanco mintió desde la tribuna al relatar afirmaciones personales que yo nunca dije y… terminó insultando a la inteligencia al acusarnos de «colaborar con la Izquierda Abertzale». 

Ya digo. Para no tener ninguna posibilidad de continuar en el Parlamento Vasco (ejem), están ciertamente nerviosos. A decir verdad, tanto al PSOE como al PP les ponemos de los nervios. Basta con observar lo que viene ocurriendo en el Congreso de los Diputados o en la Asamblea de Madrid. Quizás la explicación yo mismo la expresé en una de mis primeras intervenciones parlamentarias: «comprendo perfectamente la dificultad en la que sitúa a determinadas formaciones políticas la presencia en esta Cámara de esta nueva formación política que represento. De esta formación política que defiende los mismos principios en el Congreso de los Diputados, en este Parlamento y, ya lo verán, en el Parlamento Europeo«. Pues sí, tres años y medio después parece confirmarse que el establishment tiene un enemigo con nombre de partido político. Pero nuestras intenciones son del todo punto bienintencionadas: se trata de regenerar la democracia y acabar con el statu quo vigente del que vive esta gente. Es casi comprensible que nos nombren para criticarnos: es la lucha por la supervivencia.