UPyD, un partido progresista y reformista.

Al parecer, cuatro año después de haber nacido y tras multitud de iniciativas parlamentarias en el Congreso de los Diputados, el Parlamento Europeo, el Parlamento Vasco, la Asamblea de Madrid y en multitud de ayuntamientos, hay quien sigue negándose a entender la evidencia: la evidencia palpable y demostrada de que UPyD es un partido progresista, reformista e inequívocamente nacional (que no nacionalista). Es ciertamente preocupante que haya todavía periodistas y medios de amplia tirada que nos definan, por desconocimiento o por pereza, como partido conservador… y es incluso desolador que tantos hacedores de opinión nos pregunten todavía hoy, para reducir el debate, por algo que no importa ya: si somos de derechas o de izquierdas.

Es obvio que somos un partido progresista y reformista. Es obvio que somos el partido más progresista y más reformista. Y a los hechos me remito: ¿cómo podría tildarse de «partido conservador» a quien ha propuesto y propone reformas radicales para el conjunto del país y sus instituciones, radicales en el sentido de que van a la raíz de los problemas? Parece obvio que un partido conservador difícilmente podría proponer tantas cosas rompedoras a la vez, tantas cosas políticamente incorrectas (para el conservador stablishment) y tantas cosas que atacan tanto el bipartidismo insoportable que padecemos y el statu quo vigente. A saber: la independencia del Poder Judicial respecto del poder político, la reforma en profundidad del Estado Autonómico, la eliminación de las diputaciones provinciales y también de las forales, la reforma de la ley electoral, la reforma del sistema fiscal actual, la reforma del mercado de trabajo para incluir un tipo de contrato indefinido único, la devolución al Estado de las competencias de Sanidad y Educación al Estado por parte de las CCAA, la unidad de mercado, la abolición del Concierto Económico y la supresión del Amejoramiento navarro, entre otras muchas ideas.

Por tanto, es obvio que somos un partido progresista, lo cual se opone a reaccionario o conservador. Transversal porque recogemos lo mejor de la derecha liberal y el pensamiento izquierdista preocupado por la igualdad y la justicia social. Y nacional porque pensamos en el interés general de los ciudadanos y en su igualdad, pero en absoluto nacionalista español, porque pretendemos una Europa política y sin fronteras interiores y trasladar a ella algunas de las competencias hoy nacionales, como fiscalidad o inmigración, entre otras. Cualquier cosa menos ir a Europa para defender nuestros exclusivos intereses nacionales.

Y toda esta acción política llevada ya a cabo con enorme entusiasmo y el compromiso de seguir haciéndolo con grupo parlamentario propio es lo que nos hace reivindicarnos como verdadera altenativa política para el 20N. Alternativa, por un lado, al conservadurismo actual de la izquierda y de la derecha, al bipartidismo reaccionario, al statu quo vigente, a la falta de soluciones nuevas que los problemas actuales exigen. Y, claro, como alternativa a los localismos, regionalismos y nacionalismos que crecen como la espuma a lo largo y ancho de España. Alternativa a los que anteponen la patria a los individuos, el territorio a los seres humanos y el terruño a los derechos ciudadanos.

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