Gracias, ciudadanos.

Publicado en: Blog, Política, Uncategorized | 0
UPyD, cuatro años después de su creación, alcanza en el conjunto de España 1.130.000 votos. Multiplica por cinco su número de escaños (conseguimos 5… ¡y qué 5!). Se convierte en la tercera fuerza en Madrid, se consolida en todas las capitales de provincia y crece en todos los lugares. También en Euskadi, donde duplicamos los resultados obtenidos en las pasadas elecciones generales de 2008, superando los 20.000 votos y acercándonos al resultado histórico de las elecciones autonómicas al Parlamento Vasco de 2009. Conseguimos más de 10.000 votos más que en 2008, mientras el PSE pierde respecto a esa cita decenas de miles de votos y el edulcorado PP de Basagoiti… sube apenas mil. Por cierto, las afirmaciones de la dirección del partido conservador en Euskadi rechinan en exceso: «UPyD nos ha robado 10.000 votos», dijeron anoche: ¿de verdad siguen sin aceptar que el voto es de los ciudadanos?».

Más allá de los datos numéricos que evidencian nuestro espectacular crecimiento y, de paso, lo diabólico de esta ley electoral (obtenemos más de 100.000 votos más que CiU y un tercio de sus escaños), lo significativo e importante del asunto es el análisis político que debe hacerse y que se resume en lo siguiente: las ideas de UPyD se encuentran plenamente vigentes y son indispensables para salir de las crisis política y económica que vivimos los ciudadanos españoles. Es decir, nuestro discurso directo y claro, rompedor en muchos asuntos, políticamente incorrecto, alternativo, valiente y sincero cala día a día en una multitud creciente de ciudadanos rebeldes y comprometidos. Esta es la conclusión a la que llego yo, horas después de una noche inolvidable. Y también en Euskadi, donde presiento que podemos desde ya liderar el discurso constitucionalista, alejado de buenismos y discursos florales. Así que sí: es necesario un partido político que se enfrente descarnadamente a la partitocracia y a la corrupción, que defienda la modificación de la ley electoral, la reforma del Estado Autonómico, la despolitización de la Justicia, la profesionalización de las cajas de ahorros, la eliminación del Concierto Económico y el Convenio navarro, la igualdad ciudadana y la devolución de determinadas competencias para servir mejor a los ciudadanos. Entre otros asuntos. Por tanto, sí, sin duda: nuestro discurso cala. Y seguiremos creciendo.