Basta con que mantengamos nuestro discurso.

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Creo que ésta es la afirmación que más veces he escuchado desde el pasado día 22 de mayo: hemos vuelto a finales de los años 80, hemos retrocido 25 años. Y ésta ha sido la afirmación que he escuchado a miembros de UPyD pero también a votantes de otros partidos políticos o a apolíticos recalcitrantes. La situación en Euskadi, a día de hoy, y confirmado que tendremos un alcalde de Bildu en San Sebastián, es desoladora. Dos años después del cambio de gobierno en el País Vasco que supuestamente lograría un profundo cambio político tras treinta años de nacionalismo obligatorio… hemos vuelto a las cavernas. Es ya obvio que estos dos años han sido sobre todo una oportunidad perdida: al escaso convencimiento de los socialistas, a los miedos reverenciales que estos y los populares tienen al nacionalismo, a los complejos de quienes quieren ser admitidos en la secta y en lo políticamente correcto… se ha sumado un Zapatero obtuso, cortoplacista y nefasto, un Zapatero en estado puro, que ha tratado al PNV como si fuera Euskadi y al Lehendakari de Euskadi como si fuera… un estorbo. Desde que el Gobierno de España negocia con el PNV las transferencias pendientes del Estatuto de Gernika… este Gobierno Vasco está muerto.

Dos años después, la Izquierda Abertzale auténtica ha recuperado y ampliado el poder perdido (Aralar ha sido duramente castigada, conviene recordarlo). Tiene, obviamente, a quien agradecérselo: no sólo a los miembros del Tribunal Constitucional que decidieron que debían volver a ser legales (sin haber condenado a ETA y sin haberle exigido que desaparezca incondicionalmente y portando su proyecto político), sino también a la práctica totalidad de los partidos vascos, que exigieron por activa y por pasiva la legalización de Sortu primero y después de Bildu, nos presentaron a sus miembros como demócratas convencidos y nos dijeron que su legalización era una oportunidad extraordinaria para alcanzar la paz. Podemos recordar la campaña de Jesús Eguiguren a tal efecto, presidente de los Socialistas Vascos, o la insistencia del Lehendakari en repetir machaconamente que no era en absoluto necesario condenar la historia criminal de ETA para poder ser legales. A nosotros nos habría gustado que Bildu no hubiera sido legalizada, que, una vez legalizada, no se le hubiera hecho la campaña que se le hizo desde todos los estratos de la sociedad (ay, los medios y miedos de comunicación) y que, una vez que lograron miles de votos, los demócratas se hubieran puesto de acuerdo para evitar que gobernasen donde no tenían mayoría absoluta. Deseos incumplidos que complican el paisaje. Tanto es así y tan abducida está esta sociedad vasca… que hasta los empresarios afirman oficialmente que no les preocupa que Garitano, ex editorialista de Egin, pueda ser elegido diputado general en Gipuzkoa. Es obvio que les preocupa y mucho… pero el miedo sigue siendo libre porque ETA, además, no ha desaparecido.

El panorama es, por tanto, desolador. No sólo los resultados electorales en sí mismos. También lo son los discursos avergonzados de la mayoría de los dirigentes y también muchas de sus extrañas actitudes: lo mismo hay quien se presenta a diputado general por Vizcaya (el socialista Jose Antonio Pastor) que dimite en cuanto comprueba que ha salido derrotado y afirma que tal cosa estaba decidido desde el principio (es decir, pensaba perder); lo mismo corre la lista socialista en San Sebastián y presentan candidato a alcalde a quien ocupaba el número 10 de la lista, insultando de este modo a los ciudadanos y, sobre todo, a sus votantes. Por tanto, no sólo los discursos sino también las actitudes son ciertamente preocupantes.

Es lo que tiene: mientras el PNV ataca por tierra, mar y aire, todos los días del año, a este Gobierno avergonzado… este Gobierno avergonzado se pone a la defensiva, trata de explicarse, disimula y trata de formar parte de la secta. Y pasa lo que pasó siempre: a la hora de elegir, mejor elegir el original, sobre todo si muestra un mayor convencimiento, no tiene dudas y tiene vía directa con La Moncloa. Es lo que tiene: mientras el nacionalismo nos vende sus víctimas de violaciones de derechos humanos y otros sufrimientos injustos producidos en un contexto de violencia de motivación política (y el PSE e incluso el PP se las compran), los supuestos constitucionalistas que nos desgobiernan no saben distinguir un Día de la Memoria de las víctimas del terrorismo de un Día de la desmemoria y el disimulo. Así es como nos comen el terreno. De tanto dar pasos atrás, hemos tocado fondo. Es por esto que es más necesaria que nunca una alternativa argumentada al nacionalismo y a los miedos reverenciales de los que se supone no son nacionalistas.

Mientras tanto, quien tiene sentimientos no puede sino sentirse muy dolido: Bildu, que no ha condenado la historia criminal de ETA, que se niega a exigir a la banda que desaparezca incondicionalmente, que defiende el proyecto político de la banda, que ya ha empezado su campaña para que aceptemos que los presos etarras son presos políticos, que nos argumentan que los familiares de los presos son también víctimas de la violencia, que insultan y amenazan en los primeros plenos municipales … se ha convertido en el segundo partido político vasco. Ha arrasado en Gipuzkoa. Va a gobernar la Diputación Foral del territorio. Y tiene ya la alcaldía de San Sebastián… con un programa político que se basa en derrocar el orden constitucional, convocar refrendos hasta para cambiar la arena de la playa y en hablar de los presos de ETA todos los días del año.

Es obvio, ante esta envenenada situación, que es el momento de hablar más claro y alto que nunca. Es cierto que el momento actual no tiene nada que ver con el que disfrutábamos no hace ni un año. Ahora están crecidos los que estaban ilegalizados y los demócratas estamos más apesadumbrados que entonces. Pero vamos a levantar la cabeza. Los que nos hemos mantenido firmes en nuestros principios y no hemos cambiado de chaqueta ni querido parecer simpáticos lo tenemos más facil que el resto. Basta con que mantengamos nuestro discurso.