Sobre las víctimas de motivación política.

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Ayer jueves día 31 de marzo se debatió en el Parlamento Vasco una iniciativa parlamentaria relacionada con las llamadas víctimas de motivación política, es decir, esas «otras» víctimas provocadas por «los excesos del Estado» en el ambiente de violencia producida por ETA. La iniciativa, que pide la concesión de ayudas a esas «otras» víctimas habidas en Euskadi durante las últimas cuatro décadas, contó con el apoyo casi unánime de la Cámara. Sólo nosotros nos negamos a apoyar la iniciativa: porque pensamos que se enmarca en un determinado proceso del que nosotros queremos mantenernos al margen.

Más allá de que, efectivamente, determinadas personas hubieran sufrido determinadas situaciones injustas, al relacionarlas con el terrorismo de ETA y con eso que se llama “contexto de violencia de motivación política”, la iniciativa quedaba contaminada. Y el proceso en el que se enmarcaba y se enmarca esta iniciativa es el proceso consistente en pretender reescribir la historia y hacernos creer a los ciudadanos de ahora y a los del futuro que ETA fue una de las muchas violencias que existieron en Euskadi, una violencia contrapuesta a esa otra violencia ejercida por parte del Estado y que produjo eso que Aintzane Ezenarro (Aralar) y su cohorte de animadores (todos los demás) denominan ahora “víctimas de motivación política producidas en un contexto de violencia vivida en Euskadi en los últimos años”. Es decir, que dado que existió ETA se produjeron otras violencias por parte del Estado contra personas inocentes… …como si fuera del País Vasco no se hubieran producido víctimas durante la Transición.

Nosotros, aunque no dudamos de que haya quien haya firmado esta iniciativa (incluso quien se sumara a última hora a ella) con toda su buena voluntad, no quisimos participar de ella. Nos parece además que incluir en la justificación de la iniciativa a las víctimas del terrorismo para señalar que “no sólo ellas han sufrido” es un insulto a la inteligencia y está fuera de lugar. Esta argumentación sólo puede traer como consecuencia confusión y engaño a la sociedad vasca, porque supone relacionar una violencia con la otra, como si una violencia llevara a la otra o una violencia justificara la otra o una violencia explicara la otra o, sobre todo, como si la ausencia de una de ellas hubiera producido la ausencia de la otra (ya saben, sin la violencia del Estado no hubiera existido la violencia de ETA, etcétera).

Por tanto, la pretensión de mezclar a unas víctimas con otras, se haga con buena o mala fe o por simple empanada mental, es una mala idea que cierta gente utilizará para fomentar la mentira de que los muertos por violencia policial en Euskadi son algo así como «la otra cara» de los asesinados por ETA. Esta propuesta, por tanto, difumina o pretende difuminar o será utilizada por algunos para difuminar o pretender difuminar el terrorismo de ETA en un ambiente de violencia de todos contra todos donde ETA aparezca algo así como una especie de “violencia defensiva”, una más entre las demás. Insisto: con toda seguridad determinada gente lo hará… y seguramente no sea una minoría. Y nosotros no quisimos hacerles el juego ni darles bola. Y habrá, es obvio, quienes pretendan utilizar esta iniciativa para vendernos la falsa idea de que existe o existía un conflicto político sin resolver que produjo víctimas «en los dos bandos».

Nosotros nos negamos a presentar a esas “otras víctimas” como lo que no son: un colectivo objeto de maltrato deliberado por un determinado sujeto identificable. Esas “otras víctimas” (víctimas que merecen todo nuestro respeto, desde luego) eran personas individuales afectadas por la brutalidad policial o los desmanes de los funcionarios del Estado. Y, por tanto, los daños a resarcir y las reparaciones que sin duda merecen deberán serlo a título individual, a diferencia del colectivo de víctimas del terrorismo, un colectivo de personas que fueron asesinadas o perseguidas para la obtención de fines políticos. Colectivo que debe ser reconocido legalmente como parte de la derrota de ETA y del resarcimiento a que tienen derecho. Sin embargo, como digo, las otras víctimas lo fueron individualmente y en las condiciones de desorden, caos violento y falta de garantías jurídicas de la Transición, principalmente.

En conclusión: nos negamos a sumarnos a una iniciativa que pretende que esas “víctimas del Estado” aparezcan como simétricas y antagónicas a las de ETA en una especie de guerra civil larvada. No podemos aceptar esa descripción tan falsa de los hechos ni ignorar su intencionalidad política. PP y PSE han cedido. Nosotros, no.