Sortu: una descripción de los hechos.

Los mismos que han acompañado históricamente a ETA, los mismos que no han condenado ni uno solo de los crímenes de la banda, los mismos que han justificado todas las acciones violentas, los mismos que no han mostrado un atisbo de humanidad o piedad ante las víctimas inocentes del terrorismo… son los que han decidido crear Sortu, esa nueva formación política con Estatutos perfectamente legales y aparentemente democráticos. Por tanto, analizada la realidad indubitada, hay una continuidad evidente: son Batasuna, son la denominada Izquierda Abertzale, son los que durante años han camino de la mano de ETA y apoyado su criminal trayectoria.

Por tanto, puesto que son los mismos, deben romper fehacientemente con ETA para que puedan ser legales… y mientras no lo hagan, no podrán serlo. Independientemente de que serán los Tribunales quienes decidan sobre su legalidad e independientemente de que UPyD acepta y aceptará todas las sentencias, nuestras exigencias previas y nuestro discurso político pasa por exigir a ese mundo que condene la historia criminal de ETA y su pervivencia actual, pervivencia que supone a día de hoy una evidente amenaza para la libertad y la convivencia de los ciudadanos vascos y restantes ciudadanos españoles. Es decir, exigimos el mantenimiento de las exigencias democráticas y la legalidad vigente, los principios fundamentales de nuestro sistema jurídico, el Estado de Derecho y la indispensable ley de partidos.

Y en este punto, debemos insistir en que deben ser ellos los que deben aceptar las reglas de la democracia. En que deben ser ellos los que deben aceptar integrarse en el Estado de Derecho que precisamente los demócratas hemos defendido frente a ellos. En que deben ser ellos los que deben aceptar vivir en nuestra sociedad, con nuestras reglas, con nuestras normas, con nuestras leyes, con nuestro Estatuto de Gernika y con nuestra Constitución Española. Son, por tanto, ellos los que tienen el balón en su tejado, de ellos depende, es cosa suya… la sociedad no debe moverse más que para impulsar medidas legales, policiales y judiciales tendentes a derrotar a los terroristas.

Dicho esto, haré alguna reflexión que podría situarse en un plano más personal: creo que ETA ya ha sido amortizada por el conjunto del nacionalismo. Por decirlo más gráficamente: todas las nueces (casi todas, para ser más estricto, porque pretenderán manipular y reescribir la historia) han sido ya recogidas, la gente en Euskadi ya está suficientemente abducida, la gente ya ha comulgado con suficientes ruedas de molino. Es por esto, porque el conjunto del nacionalismo vasco ya ha percibido que ETA está ya amortizada… que pienso que están derrotados (esto es, desde luego, opinable) y que no dan para mucho más (porque la banda, como digo, no podrá contar con la insultante comprensión del nacionalismo).

Dicho esto, lo que debemos exigir ahora es prudencia y el mantenimiento inexcusable de las exigencias democráticas porque ETA no ha decidido en absoluto dejar las armas y piensa mantenerse vigilante del proceso. No vivimos tiempos de paz, tal como señala insistentemente Jesús Eguiguren. Y cuando digo proceso no me refiero a ningún proceso de paz (que no debe ni puede celebrarse… pues no estamos en guerra) sino al proceso (ya abierto) consistente en hacernos creer que ETA fue una de las violencias que se produjeron en Euskadi… contrapuesta a esa otra violencia ejercida por parte del Estado y que produjo eso que Ezenarro y su cohorte de animadores (incluida la Dirección de Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco) denominan ahora «víctimas de vulneraciones de derechos humanos y sufrimientos injustos producidos en un contexto de violencia de motivación política».

La situación, por tanto, es crítica. No podemos ni debemos permitir que se nos cuelen en nuestras instituciones quienes forman parte de ETA, pero tampoco podemos ni debemos permitir que traten de reescribir la historia de terror que hemos padecido.