El deporte como problema político.

Dejemos aparte las llamadas de los socialistas, acompasadas docilmente por las del PP, para no politizar la participación de la selección española de basket en Vitoria-Gasteiz. Preguntémonos: ¿es este hecho un asunto político? Que el equipo nacional del deporte que sea juegue en Euskadi, o que la Vuelta Ciclista a España pase por territorio vasco, no debería ser en absoluto una circunstancia sobre la que los diferentes partidos políticos polemizaran y debatieran demasiado tiempo. El tema no debería ni estar en la agenda. El problema es cuando sucede el hecho conocido: que tales selecciones o eventos hayan sido proscritos deliberadamente por parte del nacionalismo vasco obligatorio. Tal cosa sí es un problema político a resolver… políticamente. Puesto que durante las últimas décadas el nacionalismo gobernante ha tomado una serie de decisiones (políticas, evidentemente) para evitar la presencia de nuestros equipos nacionales en nuestras ciudades, de lo que se trata ahora es de eliminar todos los obstáculos cuidadosa y efectivamente creados para que nos apartemos práctica y emocionalmente de nuestros equipos deportivos (ya sabemos: el roce hace el cariño y la distancia facilita el olvido). Y se trata de hacerlo desde la política, puesto que se ha convertido en asunto de interés general y público. No se trata de que ahora, todos los años, obligatoriamente, por mandato imperativo y legal, la Vuelta o la selección nacional se hagan presentes en Euskadi, sino que se hagan presentes con la normalidad habitual con la que sucede en cualquier otro territorio del país. Luego está el asunto de la asistencia: por lo visto, a ver a Rudy, Ricky, Navarro, Reyes y compañía, fueron bastantes miles de aficionados. Sin embargo, no importa tanto el número de asistentes ni tampoco si cada uno de nosotros hemos ido o no. El asunto es que podamos ir. Libremente. Y esta vez, a pesar de los ladridos de los habituales, hemos podido.

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