Joaquín Leguina y el Estatut.

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Creo que hemos sido radicalmente claros (y radicales, en el buen sentido del término) en nuestras críticas al proceso de negociación del estatuto catalán, al texto aprobado en el Parlamento catalán, al texto supuestamente «limpio como una patena» que salió del Congreso de los Diputados y… a las barbaridades dichas y hechas por distintos dirigentes políticos después de que el Tribunal Constitucional emitiera su sentencia sobre el asunto. Ayer mismo, Rosa Díez, con la contundencia que le caracteriza, tuvo un día especialmente brillante, y dejó en evidencia que el desacato a la legalidad vigente lo protagoniza el presidente del gobierno, señor Rodriguez Zapatero. Entre sus perlas, destacó una: el gobierno ejerce corrupción política pura.

Sin embargo, miremos fuera de UPyD. Leo el libro «La luz crepuscular» de Joaquín Leguina, y sus reflexiones sobre determinados acontecimientos ocurridos en España durante los últimos años. Creo que son reflexiones muy reveladoras. Quizás aporten luz a quienes todavía no nos creen a nosotros. Ahí van:

«…asistí durante 2005 a múltiples reuniones con el Partido y en el Grupo Parlamentario, sin que en ninguna de ellas se haya podido discutir (y de votar ni hablamos) este nuevo Estatuto catalán que nos hemos visto obligados a aprobar en las Cortes, forzando nuestras conciencias mediante un ordeno y mando sin precedentes…». «… la manipulación histórica e ideológica nacionalista se ha desatado y ese desmadre lo ha facilitado el silencio de quienes, ostentando representaciones mucho mayores -es decir, los dos grandes partidos nacionales-, no han querido meterse en un debate contradictorio, no fueran a necesitar el apoyo parlamentario de quienes mantienen esas manipulaciones…». «… por otro lado, cabe preguntarse: ¿para qué ha servido reabrir el proceso estatutario? Si, con ello, con la apertura de ese melón, se pretendía atemperar los ardores guerreros dentro de las filas nacionalistas, el resultado ha sido desastroso…». «… es evidente que el texto salido de las Cortes Españolas y que fue sometido a referéndum en Cataluña el 18 de junio de 2006 no es el mismo que fue aprobado en el Parlamento de Cataluña, pero la distancia entre el proyecto de Estatuto y la Constitución era demasiado grande como para poder corregirla a base de enmiendas…».

Y, para terminar: «Si quiero expresar mis creencias actuales deberé partir de un viejo principio: el Estado es el único fundamento seguro para la convivencia. Por eso estoy en contra de todo aquello que lo debilite, desde el invento de la «España plural», mediante el cual se pretende demediarlo, hasta el ultraliberalismo que predica su encogimiento permanente».

Yo estoy de acuerdo con el histórico socialista y por todo ello y alguna otra cosa más, huí. ¿Cuántos socialistas más darán el paso?