Ayer terminó de despedirse mi compañero de escaño, Jesús Mari Larrazabal, zumaitarra de nacimiento y de corazón, único parlamentario de Eusko Alkartasuna y componente del grupo mixto al que pertenezco. A sus 62 años y por problemas de salud, se despidió del modo en que ha venido comportándose desde que fue elegido electo: de forma distinta a la del resto. Sin duda, un político heterodoxo, diferente, libre, culto, inteligente y muy divertido, que me contó anécdotas, respondió a dudas y me hizo reir muchísimo. Un parlamentario sorprendente que se negó a justificar todo lo que su partido hizo antes, demostrando cintura política, flexibilidad, espíritu crítico y sentido del humor. Tampoco vamos a engañarnos: no le faltaron muestras de terquedad, cierto extremismo político y muchísima mala leche. Pero se le perdona. En su último día, llegó a un pacto con la presidenta para, al defender su última iniciativa, anunciar por sorpresa que la retiraba y pasar directamente a despedirse. Citó citas de clásicos y explicó sus principios básicos en su quehacer político: libertad, justicia y prudencia. Reconoció que en numerosas ocasiones él no pudo cumplir dichos principios. No obstante, son buenos consejos. Salió aplaudido de manera unánime por el conjunto de la Cámara, por algo será. Un abrazo, Jesus Mari, que tengas toda la suerte del mundo.

Sígueme en Twitter

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.