Ahora, Cataluña.

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Nunca me he sentido tan satisfecho como hoy me siento. La realidad me ha demostrado lo que siempre supe: la política es la actividad indispensable para gestionar de la mejor forma posible los asuntos que nos conciernen a todos. En palabras de Cicerón, la actividad más elevada de los hombres. De niño me enseñaron una máxima: los problemas de la sociedad no son los problemas de aquellos que individualmente los sufren, sino que son también nuestros problemas. Por ello me acerqué a la organización pacifista Denon Artean, Paz y Reconciliación, a comienzos de los años 90; por ello participé con mis admirados miembros de Basta Ya en años posteriores; por ello me afilié al Partido Socialista de Euskadi, con sus luces y sus sombras: para tratar de ser útil y aportar mi granito de arena para mejorar humildemente la sociedad. Ahora echo la vista atrás y observo este último año y el trabajo que hemos venido conjuntamente realizando. Y puedo decir que algo me ha confirmado UPyD durante su primer año en el Parlamento Vasco: la acción política puede ser un utensilio fundamental al servicio del ciudadano y un instrumento para mejorar la sociedad. Algo ha quedado evidenciado y reconocido por nuestros adversarios políticos en Euskadi: UPyD ha cumplido la palabra dada, se ha configurado como alternativa necesaria, constituye un proyecto político reconocible, representa una forma distinta de hacer las cosas y… mantendrá su empeño en defender aquello que nos beneficia al conjunto de los ciudadanos. Y así es necesario que sea también en Cataluña. Es importante que una fuerza política inequívocamente nacional, progresista y con la inquebrantable voluntad de defender lo que nos une, alcance representación parlamentaria en los órganos que representan la voluntad ciudadana. Porque es evidente, y así se ha demostrado, que una voz puede ser capaz de cambiar las cosas, influir en las decisiones que afectan a las personas y condicionar mayorías parlamentarias y gobiernos. Es necesaria, también en Cataluña, una fuerza política con visión de Estado que supere los localismos que nos enrocan, los regionalismos que nos aburren y los nacionalismos que desesperan. Una voz moderna, independiente, joven, libre y autónoma que entierre la demagogia, el sectarismo, el insulto y los discursos prefabricados que sólo convencen a los partidarios. Un proyecto que derribe las fronteras que durante tantos años se han venido levantando. Que escuche y se haga oír. Que convenza y se deje convencer. Que presente y defienda una tercera vía.