Hablemos claro: la presencia de EiTB en Baiona y en Navarra, con sede permanente sufragada por los ciudadanos de Euskadi (casi 6 millones de euros en diez años), no tiene como objetivo el fortalecimiento o el impulso del euskera en esas zonas. El objetivo fundamental de esta estrategia es que los ciudadanos de Euskadi recibamos diariamente, por ley, noticias de esas zonas (6 minutos diarios), aunque en las mismas no ocurra nada reseñable, con el objetivo nacionalista final de que tengamos conciencia creciente de que formamos parte de una misma comunidad política. Y en cierta forma, este objetivo auspiciado e impulsado durante años por los gobiernos nacionalistas, se va consiguiendo: basta con observar las enmiendas presentadas por populares y socialistas a la iniciativa original del parlamentario jeltzale debatida en pleno este jueves pasado. Basta con leer y escuchar a Alberto Surio, director del ente público. Basta con conocer su decisión de insistir en el desvarío. Y esto únicamente nos provoca alarma relativa: en este asunto, como en otros, la cosa sigue igual. No hay cambio político.

Última hora: los navarros no quieren pagar un euro por ver la ETB en su comunidad vía tdt. Si ellos no quieren, si ellos libremente deciden que no la necesitan, ¿por qué íbamos a quererlo nosotros?

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