En casi todas las entrevistas que me han venido realizando, se repite invariablemente una misma pregunta: ¿Qué piensa usted del gobierno López? ¿Cómo nos encontramos tras nueve meses de cambio? Pues nos encontramos en una situación mejor de la que nos encontraríamos si tuviéramos cualquier lehendakari nacionalista y mil veces mejor que si nuestro presidente fuera concretamente el señor Ibarretxe. ¿Que si hemos alcanzado ya el paraíso? Pues evidentemente no, porque además, desde la óptica de nuestro partido, no existimos únicamente para aplaudir o criticar cada movimiento del nuevo gobierno acompasado con el manto popular… sino que tenemos propuestas claramente distintas de los otros dos partidos constitucionalistas y que no renunciamos a reclamar. Así, además de criticar tantas veces como sea necesario que el actual lehendakari ha incumplido dos promesas concretas reiteradamente repetidas en campaña (reducción en un 10% de altos cargos y personal de confianza o la necesaria racionalización del entramado público empresarial y fundacional vasco), añadimos que su documento de bases firmado con el señor Basagoiti necesita una aplicación efectiva y urgente, tanto en lo dicho antes como en la aplicación de la libertad lingüística.

Pero es que además de marcar al nuevo gobierno, nos ocupamos de otras cuestiones, como reclamar nuestras propias propuestas surgidas de nuestro programa electoral: vivienda pública exclusivamente en alquiler, una autonomía vasca dentro de un Estado federal simétrico e igualitario, crítica a las excepcionalidades de todo tipo que atacan la igualdad ciudadana, independencia de la Justicia, políticas fiscales progresivas… y reforma del sistema electoral vasco, entre otras. Respecto a esto último y por concretar: que el voto de un alavés no valga cuatro veces más que el de un vizcaíno, como ocurre en la actualidad… sino exactamente lo mismo. Para lo que reivindicamos una circunscripción electoral única y conseguir de este modo que los votos de todos los ciudadanos valgan exactamente igual. Y listas abiertas, para que los ciudadanos elijan a sus representantes políticos en función de su valía personal, y puedan además estos ganar en autonomía parlamentaria y regenerar y ensanchar la democracia.

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