INSULTAN… LUEGO NO TIENEN RAZÓN.

Una de las cosas de las que más me siento orgulloso de la última semana, ha sido el no haber contestado a los que diariamente nos insultan. Podía haber entrado en la descalificación gratuita, como hacen ellos, o al menos haber tratado de defenderme a mi mismo y, sobre todo, a mis compañeros de partido. Sin embargo, he optado (hemos optado, estamos optando) por el silencio y el desprecio absoluto, tanto a los que nos insultan desde el anonimato, a los que lo hacen con nombre propio… e incluso a los que aprovechan actos públicos para avasallarnos. Y uno se siente muy orgulloso de ello, pues no somos como ellos. No voy a tratar de mostrar aquí algo sobradamente demostrado, como es mi desprecio absoluto al insulto y a la mentira, pero sí quiero mostrar mi público orgullo por haberme (habernos) mantenido en nuestros cabales, no haber abandonado nunca el sentido del humor tan necesario y mirar para adelante, obviando tamañas injurias y descalificaciones (el proyecto político nos aconseja no despirtarnos por memeces).

Porque uno puede no compartir determinadas actuaciones que cada cual lleva a cabo en su ámbito. Uno puede libremente abandonar una organización de la que formó parte desde sus inicios. Uno puede incluso sentirse defraudado, insuficientemente valorado o alejado de los principios e ideas del partido. Uno puede acercarse a preguntar, a pedir explicaciones o incluso a mostrar su más enérgica oposición a lo que cada cual considere equivocado. Educadamente. Cuando se ha hecho así, hemos hablado. Se me conoce.

Pero uno no puede hacer incluso de su propia existencia un ejercicio cotidiano de verborrea absurda, contradicciones, falta de argumentos, insultos, descalificaciones, injurias y malas artes democráticas que ya están cayendo por su propio peso, incluso entre los pocos que observaban desde el desconcierto o la ignorancia que duda. Uno no puede (o no debería) clamar contra la presunta falta de democracia interna y comportarse como un profesional del insulto y la calumnia, atacando a diestro y siniestro, fomentando bulos e historias, sembrando dudas, manipulando y practicando el boicot contra todo lo que se mueva.

Pero allá ellos. Ni doy consejos ni espero rectifiquen.

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