Si hay algo que muestra plásticamente lo que es el nacionalismo (todos los nacionalismos) es una masa de gente mansa subiendo a un monte para colocar una bandera. Creo que retrata perfectamente lo primitivo de la ideología antiliberal y decimonónica que perdura desgraciadamente en el tiempo. Es lo que acaba de llevar a cabo una «mansedumbre» de nacionalistas vascos en la cumbre de «su» Gorbea: organizarse fielmente en unos pocos días, toque de corneta incluido, hacer piña y unirse acusando al «enemigo» de invasor y españolazo (sin enemigo externo no hay excusas para hacer durante tanto tiempo tanto ridículo), calzarse sus botas de monte y su ropa de montaña, subir unidos en grupo sin disensos ideológicos ni discusiones acerca de nada (pues en todo están de acuerdo), enarbolar una bandera de modo sectario (sólo es mía y esas cosas) y hablar de pueblos uniformes en la atalaya. Definiciones acerca de la antimoderna ideología que nos abrasa ha habido muchas. Pero creo que a veces debemos recurrir a las representaciones gráficas que definen los conceptos mejor que nada, y esta vez nos lo han puesto en bandeja: una masa uniforme subiendo una montaña definida por banderas enarboladas, sin otro individualismo que el tipo de paraguas. Llegan arriba y se reclaman como «el pueblo». Esto es básicamente cualquier nacionalismo.

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