Frente a la indiferencia que algunos fomentan o incluso frente al rechazo que los grandes partidos nacionales provocan, bien por incapacidad para hacerlo mejor, bien por deseo expreso, nosotros reclamamos una afluencia masiva a las urnas y una solicitud de voto a aquellas ideas que defendemos. Porque debemos contradecir a quienes se equivocan al pensar que las decisiones en el ámbito europeo carecen de importancia: baste recordar que el 70% de las leyes que el Parlamento Nacional aprueba no son más que trasposiciones de leyes ya aprobadas en Europa. Y esto irá en aumento, algo que evidencia que lo que allí se decida afectará sensiblemente a nuestras vidas, tanto como lo hacen las decisiones del Parlamento vasco o las del Congreso, cuando no más. Y porque debemos contradecir a quienes ingenuamente atisban diferencias de fondo entre los que diariamente andan a la gresca, toda vez que ambos vienen votando casi todo conjuntamente en el ámbito europeo. A día de hoy, no hay más que una opción que pueda considerarse distinta, y ésta estoy convencido que es la nuestra.

Y no sólo porque el espectáculo circense de la política nacional ante el que nos enfrentamos se nos hace apestosamente presente todos los días de esta sub campaña electoral, sino porque, hablando positivamente, UPyD es la única formación política, no sólo que cree en la Europa soñada por sus padres fundadores, sino la única que ha hablado exclusivamente de los asuntos europeos que nos preocupan y ahora se deciden. Es una pena que los medios de comunicación nos silencien, cosa por cierto que quiero dejar de decir cuanto antes, porque de otro modo el común de los ciudadanos españoles habría tenido mayores oportunidades de escuchar un discurso político digno de tal nombre. Sin ir más lejos, remito a mis conciudadanos se asomen más pronto que tarde a las soberbias intervenciones de Fernando Iwasaki y Rosa Díez durante el discurso central de campaña.

Ahora que la entreverada persiana de la democracia española termina de bajarse, quiero recordar nuevamente una de nuestras reivindicaciones que mejor ejemplifica nuestra postura distinta en la campaña que ahora termina: UPyD defiende la consecución de una política educativa europea común, un Espacio Universitario Europeo, para lo que defenderemos que la Unión Europea vele porque cada Estado tenga su propio Espacio Universitario a nivel nacional. Ni más ni menos que lo contrario que en España se viene fomentando, con el concurso homogéneo y acrítico de todos los partidos españoles, tan distintos… como son dos gotas de agua. Porque nadie puede creerse, salvo los poco informados o los muy sectarios, que quienes han decidido libremente dividir tanto como se pueda el Estado al que pertenecemos, fragmentándolo hasta el infinito en cada uno de sus ámbitos, puedan decir que quieren defender una Europa Unida. Nadie que haya venido defendiendo 17 leyes educativas distintas, puede reclamar ahora un solo voto para fomentar el plan Bolonia, ni siquiera para fomentar la Unión Europea.

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