De entre todas las afirmaciones realizadas desde el mundo nacionalista (toma antidemocrática del poder, gobierno ilegítimo, cámara recortada, golpe judicial, frente españolista para destruir, sucursalismo al servicio del Estado, recuperación del norte, … , qué sé yo cuántos cosas más), una que se ha asentado creo que definitivamente en el discurso del nacionalismo (y también del resto de los partidos, inclusive los que supuestamente serán alternativa, proclives sobremanera a pillar todos los virus que pululan por nuestro aire) es la de repetir hasta la saciedad que ellos no tienen otro interés que Euskadi, a diferencia del resto, que osan (¡oh pecadores!) influir políticamente fuera del terruño donde tienen todos sus intereses vitales. Está siendo habitual comprobar esta última maniobra nacionalista en los debates ante y posteriores al día histórico … y la cara de póker de los socialistas vascos, que no saben si comportarse como realmente les gustaría o si todavía estuvieran sopesando presentarse a las elecciones vascas. Se lo piensan … y terminan clamando: nosotros también, no tenemos otro interés que el nuestro – el propio y todo eso-, no somos sucursalistas, nadie nos manda … y Zapatero debió tragar lo que nosotros le planteamos. Pobrecillos.

Pues nosotros, que somos como somos, no. O sea sí: tenemos intereses no únicamente en Euskadi, sino también en el conjunto del país llamado España, pues somos un partido nacional (de aquellos que desaparecieron), con un mismo discurso en todo el reino y un mismo y común compromiso compartido que ofrecer al conjunto de la sociedad. Es más: nos interesa incluso Europa y hasta las tierras externas al continente donde osó inventarse la imprenta, pues somos universalistas y vemos más allá que las aceras de nuestro pueblo. Cuando los jeltzales pasan de insultar y deciden centrarse, sosegadamente, recurren a esto que os comento: el adversario que negó todas las acusaciones previas se relaja y termina cayendo cual presa dócil. Pues casi que yo también soy uno más de los nacionalistas vascos, les falta decir. Éste es otro de los cientos de dogmas que nos queda por derribar los constitucionalistas vascos que entendemos perfectamente dicho término: observar a nuestra alrededor y no quedarnos con lo inoculado. Observar más allá de lo que tenemos delante de nuestras narices, compartir proyectos, extender estrategias, derribar fronteras, proyectar derechos, entablar lazos, diseñar un proyecto común exportable.

Nuestro convencimiento es que los problemas que padecemos los vascos, en este mundo globalizado, tienen mejor solución dentro del conjunto de España, y los problemas de los españoles, mejor solución en el ámbito europeo. Porque somos capaces de ver más allá que los problemas de nuestra tribu. Porque no somos nacionalistas y nos sentimos orgullosos de ello.

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