De la lectura de las bases «para el cambio democrático al servicio de la ciudadanía vasca», documento pactado por los socialistas y los populares vascos para convertir a Patxi López en próximo lehendakari, concluyo mentalmente lo mismo que concluyó mi compañero Javier y que resumió de modo gráfico: es resumen de la situación de enanismo en la que nos hemos desenvuelto desde que nació la democracia española. Si todo esto que este documento sutilmente deja caer como proyecto inmediato no se aplicaba ya, mal andábamos. Porque este escrito que tengo delante se ha redactado hace tres semanas, no en 1978, que yo sepa.

Del título me llamó la atención básicamente lo mismo que a Joseba Egibar, tal como explicó en el programa de la ETB2 Políticamente Incorrecto al que la semana pasada tuve el gusto de asistir. Sólo que en sentido contrario. El dirigente jeltzale rechaza que este supuesto cambio sea democrático, por aquello de la aplicación de la actual Ley de Partidos y bla, bla, bla. Un servidor se extraña que dos partidos políticos tengan que insistir, desde la propia cabecera del acuerdo, que el mismo es… democrático. Parece como si, acomplejados, no se lo terminaran de creer. Ver para creer.

El preámbulo es un sopapo al Gobierno que afortunadamente dejamos atrás: reivindica un «gobierno estable y seguro, responsable y con altura de miras», frente a lo que teníamos: «políticas de confrontación, de división y enfrentamiento, que tensionan a la sociedad, separan a las fuerzas democráticas y generan inseguridad, inestabilidad e incertidumbre». Lo que se trata de superar lo conocemos bien y estamos de acuerdo. La duda viene en lo que nos viene por delante: algunos dudamos de que el próximo gobierno sea estable y seguro y, sobre todo, de que el actual pacto para la investidura se haya firmado con suficiente (y sincera) altura de miras. Más que nada porque pensamos que, ya puestos, podrían haber acordado un gobierno… más estable y seguro, más sólido y más duradero en el tiempo. Seamos claros: la pretensión socialista de querer gobernar con 25 escaños nos deja la mosca más detrás de la oreja que nunca. En fin, esperemos y veamos.

En el punto primero observo un pormenorizado e impecable listado de principios fundamentales para defender la libertad y luchar contra el terrorismo. Falta la pretensión de disolver los ayuntamientos gobernados por ANV, cosa que no harán, porque el socialismo vasco rechaza. Por lo demás, lo veo bien: si se hubieran aplicado todas y cada una de estas premisas desde hace 30 años, ahora seríamos tan libres como el viento, pero supongo que esta sociedad necesita más tiempo que las demás. Efectivamente, no se nombra la paz ni la normalización política, como Aintzane Ecenarro, de Aralar, sigue objetando. Le recordaremos a Aintzane lo que repetimos siempre y Arcadi Espada definió casi monosílabamente: Paz es Ley. Y punto.

En el apartado segundo contradicen el discurso inaugural de la presidenta del Parlamento Vasco, Arantza Quiroga: ni rastro de eliminar cuantos privilegios corrompen al propio sistema democrático. El Cupo está bien «porque es muy español» nos anunció Antonio Basagoiti… a lo que yo le respondo con frase socrática: «La opinión de otros, cuando proviene de tradiciones acatadas irreflexivamente, carece de valor». O a lo mejor con un dicho sin traducción fuera de nuestra lengua común: «Dadme dinero y no consejos», refrán también y efectivamente muy español. Pues eso. Por lo demás, observo cierta pereza, y en parte no me extraña, para disolver de la manera más coordinada posible la maraña de empresas públicas y semipúblicas que literalmente nos chupan la sangre, al objeto de que un Cupo bien calculado no sólo no nos reste bienestar, sino que incluso nos lo incremente.

En lo que se refiere al desarrollo de nuestro autogobierno, no existe demasiada concreción: osea, se mantiene fiel al resto del … relato. Quizás pueda chocarnos aquello de la «normalización y desarrollo de relaciones políticas institucionales (…) con las restantes Comunidades Autónomas, en especial con aquellas con las que tenemos intereses comunes». No se concreta y lo sospechamos, pero seamos generosos: han querido decir que tenemos intereses comunes, en este mundo globalizado, con todas las autonomías españolas, especialmente con las que compartimos fronteras.

(…)

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