NOSOTROS EN LA INVESTIDURA.

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Se trata de la pregunta del millón, repetida machaconamente por todos los periodistas que se me aproximan: ¿habéis decidido ya cuál será vuestra postura el día de la investidura? Tanto se me ha repetido, que al ser un servidor algo ingenuo e inexperto (además de demasiado confiado), he llegado a extenderme quizás en demasía en la respuesta, tratando de aclarar cuanto fuera posible las razones últimas sobre las que decidiremos nuestro voto, obviando consejos que uno no debería en absoluto sortear: no sólo el más gorriaranista de que los periodistas preguntan cuanto quieren y nosotros respondemos lo que queremos sino algún otro no tan crudo, como que a los periodistas, sota-caballo-rey o, sujeto-verbo-predicado. Y no porque no sean capaces de entender, que lo son y muy brillantemente, sino que a más explicaciones, a más frases, a más argumentos … más enredos, más posibilidad de equivocarse… y más materia prima de donde obtener… titulares.

Así que la respuesta a la pregunta es… NO, no hemos decidido aún nuestro voto. Y las cosas no han cambiado casi nada (salvo que llegó la primavera) desde que salimos de la reunión mantenida con los cuatro miembros de la comisión negociadora del partido socialista, por lo que podríamos reproducir las explicaciones dadas por nuestra portavoz a la salida del encuentro.

Son cuatro los temas sobre los que hemos pedido concretar algo escrito, para que nuestro apoyo a la supuesta investidura del señor López no sea la entrega de un cheque en blanco o un ejercicio laico de fe, a saber: medidas para enfrentar la crisis económica, y que deberían estar relacionadas también con el ahorro de los millones de euros que el desmantelamiento del chiringuito nacionalista traería consigo; una nueva política lingüística, basada en el bilingüismo voluntario sobre el que el socialismo español no quiere ni entrar a debatir, por cierto, como a lo largo de esta semana hemos podido comprobar en el Congreso de los Diputados; una nueva política educativa limpia de contaminaciones ideológicas y que fomente la enseñanza pública y laica; y, finalmente, medidas de política antiterrorista, utilizando únicamente pero todos los mecanismos que el Estado de Derecho nos ofrece.

Pero quede claro que no se acaba ni la legislatura ni el mundo el día de la investidura. Temas a plantear habrá miles, propuestas, todas las que podamos, intervenciones, todas las necesarias. Nuestra labor parlamentaria con nuestro escañito va a ser histórica. Al tiempo.