FORO CLUB DE LOS IGUALES.

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Este martes pasado tuve la fortuna de asistir como invitado-ponente al Foro Club de los Iguales, en Vitoria, creo que presidido o al menos liderado por Javier Otaola, quien tuvo a bien pensar en mí para participar en tan grato evento. Se trata de un foro que se reúne mensualmente desde hace unos cuantos años, a fin de escuchar al invitado de turno y, sobre todo, dialogar, conversar, filosofar y, si se puede, meter un poco el dedo en la llaga argumental de quien ose aceptar la invitación. Todo ello transcurre en torno a una mesa, mientras se cena y se comparte vino tinto, es decir: como transcurren muchas de las cosas buenas que tiene la vida.

Al Foro habían asistido antes personajes ilustres de la política vasca, como Joseba Arregi, Maite Pagazaurtundúa, Patxi López, Jaime Mayor Oreja o Javier Madrazo, además de periodistas como Antxón Urrusolo y distintos personajes sociales, como astronautas y otros profesionales de interés variado. Al mismo acuden habitualmente, como oyentes pero también como dialogantes y polemistas, además de Javier Otaola, distintos ex y actuales parlamentarios vascos como Joana Madrigal o Antonio Rivera, además de otros sabios más o menos mediáticos, profesionales variados como ingenieros y médicos, filósofos o escritores. De ideología diversa y adscripción política dudosa, dicho esto en el mejor sentido del término. Y algunos pocos nacionalistas, según me cuentan.

Así que se presentaron y me presenté: algo así como una respuesta sincera a la enojosa pregunta de qué hace una persona como tú en un lugar (la política vasca) como éste. Mi sinuosa pero nada plomiza trayectoria política, mi abandonada militancia de base socialista, mi compromiso en los movimientos sociales y pacifistas y mi elección como parlamentario vasco (de la ciudadanía de a pie al parlamento). Y ahí entró cada uno de los 20 comensales con sus punzantes preguntas, estupendas contraargumentaciones y provocaciones varias, todas ellas interesantísimas y dignas de haber sido grabadas. La verdad que fue un verdadero placer polemizar o asentir con personas de tan vasta cultura, tocar diversos temas de la actualidad política como la más que probable designación de Patxi López como lehendakari, nuestra postura el día de su investidura y nuestro futuro papel parlamentario, desde nuestro animoso y provocativo escaño. Fue un estupendo lujo debatir de los temas de siempre, como la eutanasia, el laicismo o el aborto, la izquierda y la derecha, los liberales y los socialdemócratas, la energía nuclear, y de los más recientes y tan españoles temas, como los nacionalismos disgregadores, el encaje de Euskadi en la Constitución Española, el Concierto Económico y el Cupo, la financiación autonómica y la organización territorial del Estado. Creo que me mantuve a la altura y cuando me acosaron, me defendí como gato panza arriba, sin sectarismos ni demagogia, sin perder el sentido del humor tan necesario y acertando a lanzarme al contraataque, cuando atisbé ciertas dudas en mis oponentes.

Ciertamente, fue otro de esos días tan habitual en mi último año: mucho aprendizaje. Hubo intervenciones brillantes, dislates provocativos que nos llevaron a la carcajada, reflexiones filosóficas de alto alcance y afirmaciones que no se olvidan. Antonio Rivera, ese intelectual a quien tanto admiro, me estranguló casi al final de la velada, cuando las fuerzas flaqueaban, para obligarme a situar al partido en la izquierda o en la derecha, lugares ideológicos que insistió vehementemente aún existen. La dificultosa manera de traducir la transversalidad. Sí, claro, no hablamos de la izquierda decimonónica y los tiempos cambian, afirmó, pero la izquierda sigue siendo la igualdad, y vuestro partido puede perfectamente situarse (o no) en ella. Y Javier Otaola, ese filósofo de conocimientos políticos e históricos amplísimos, resituándonos permanentemente en el republicanismo francés y definiéndonos recalcitrantemente como jacobinos, como otros muchos de los comensales. «Tenéis toda la razón, pero ningún sentido», repitió varias veces, para añadir algo así como esto es España, donde todo el pescado está casi vendido y vuestro papel puede ser el de mosca cojonera, que tampoco está mal, pero poco más. En Francia sin embargo, decía, todos los partidos son UPyD.

Y terminaron los trabajos a las cero horas. Los amigos cofilosofantes se retiraron a sus correspondientes domicilios, llegando al final de una placentera e inolvidable velada: deben ser los privilegios de ser parlamentario vasco. Gracias, Javier Otaola y restantes contertulios. Y mi más sincera enhorabuena por seguir confiando con tanta naturalidad en el poder de la palabra.