No es que me encuentre predispuesto a criticar de antemano a los socialistas vascos, pero están buscando las cosquillas a mis neuronas intelectuales. Según Jesús Eguiguren, ese gurú político con escuadra y cartabón (me lo imagino en su despacho con utensilios renacentistas, calculando la densidad del voto nacionalista), pactar con los populares vascos tras las elecciones de marzo lo tienen completamente descartado. Hasta ahí, todo correcto o al menos respetable: cada cual elige a sus compañeros de viaje. Pero la argumentación es tan de andar por casa que me produce vergüenza ajena. No pactarán con los populares porque descartan formar parte de cualquier gobierno frentista. Así que según este ideólogo de salón, que por cierto está fallando bastante en todas sus predicciones últimas, se trata de pactar con el más distinto, con el partido con el que menos proyecto se comparte, con el que se opone de manera más evidente a las ideas propias. Pactar con los que se comparte visión de país o nada tan poco desdeñable como oposición al nacionalismo que nos desgobierna, lo considera frentismo. Cosa más extraña no leía desde que me dio por iniciarme en los vericuetos del Ulises, ese esperpento al que algún día lograré tener acceso. Pues nada, ellos mismos con sus desvaríos ideológicos.
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