Mehbooba Ahadyar, de 19 años, es la única representante afgana en los inminentes Juegos Olímpicos de Pekín. A pesar de que la situación en Kabul ha mejorado desde la caída del régimen talibán, todo lo que rodea a la atleta recuerda la difícil situación en la que se encuentra: cambió su móvil ante los mensajes amenazantes de los fundamentalistas, los niños se ríen cuando la ven pasar y el estadio donde habitualmente entrena fue lugar de ejecuciones durante la época de terror que va quedando lentamente atrás. Mehbooda – «belleza» en dari – se cambia en el despacho del director de la Federación Olímpica afgana, a falta de espacio propio, y cuando corre por la pista del estadio donde entrena, ve de reojo las alambradas de espinos que separan las gradas de la zona deportiva.

Mehbooba luce un pañuelo y ropa que cubre su cuerpo en todo momento. Devota musulmana, espera el trato especial que le permita competir sin ropas ajustadas. No aspira a medalla en las pruebas en las que participa (800 y 1500 metros lisos), pues su mejor marca dista más de un minuto en tres y seis vueltas de las marcas de sus competidoras. Su madre, junto con toda su familia, apoya a la muchacha. Aunque vive asustada, no por ello dejará de apoyarla.


Hasta la meta.

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