PALABRAS DE MARIO (I)

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MARIO es “uno de los nuestros”. Y lo es, no porque forme parte de nuestro partido o se encuentre en ciernes de rellenar la ficha de afiliación. No caerá esa breva. Ni siquiera porque tengamos la seguridad absoluta de que nos haya votado o de que, en caso de que lo haya hecho, vaya a seguir haciéndolo. Más bien al contrario, es “uno de los nuestros” porque no utiliza esta expresión habitualmente, ni acostumbra a firmar cheques incondicionales ni adhesiones absolutas. No es, efectivamente, nada sectario y, ojo avizor, nos observa de reojo. Creo que como no es nada sectario es “uno de los nuestros”, contradicción inclusive. Yo lo considero uno de mis maestros y le pico azuzándole con que, a sus años, ya es hora de que pase a la acción.

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MARIO es “uno de los nuestros” porque comparte una visión de la sociedad muy semejante a la nuestra, compartiendo nuestro rechazo absoluto a toda clase de plaga nacionalista y bastantes cosas más. Es intelectual en el sentido savateriano: nos habla a los demás como si fuéramos intelectuales. Cosa, por cierto, que le agota, pues aunque él es tan bien educado que no lo reconoce, esta sociedad le cansa horrores.

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MARIO me transmitió meses atrás, antes de las elecciones, un escrito. Es probable que estas palabras tuvieran más sentido en aquel momento, cuando se desconocía el futuro inmediato del partido y cuando se nos antojaba que había quien quería volver a las urnas para depositar en ellas nuestra papeleta. No sé, tampoco creo que las cosas cambien tanto en unos pocos meses. En fin, tengo a bien transcribir ese texto que me transmitió. Y le animo además a que nos siga alumbrando con sus barrocas y profundas reflexiones. A él especialmente, pero también a cualquier otro que nos quiera decir algo:

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SE BUSCA AUTOR

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Hace apenas un par de meses encontré por mera casualidad en la biblioteca de un ayuntamiento municipal, un insólito texto que me hizo reflexionar sobre algunos asuntos cuidadosamente desechados. Lo encontré en un libro aparentemente normal, mientras curioseaba entre las estanterías haciendo tiempo para una cita en el piso superior del edificio, que era un inmueble oficial de los de blasón y entramados lacados en la cubierta a dos aguas y carteles sólo en uno de los dos idiomas oficiales. Como me gusta hurgar en las costumbres locales o actividades cotidianas de los municipios que visito aunque sea de paso, me dirigí al estante donde estaban colocadas las publicaciones municipales, esas encargadas directamente por el concejo o diputación. Entre ellas, había un volumen que recopilaba todos los cuentos participantes en un concurso convocado por la concejalía de cultura local en 1985. En dicho volumen hallé un extemporáneo y exótico relato – “rara avis”, que se decía hace un par de nadas, no puedo cuantificarlo, no tengo noción del tiempo para estas cuestiones del harakiri cultural –. No le pude calcular una antigüedad concreta, por un lado porque el concurso, según decía la contraportada, había sido convocado meses atrás, cuando era aún el año anterior, y por otro porque también podrían ser narraciones anteriores a esa fecha: uno escribe y piensa cosas, y la mayor parte de las veces no sabe cuándo las sacará a la luz, o si lo hará.

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Estaba citado en breve para una reunión en ese ayuntamiento, y ante la falta de tiempo opté por abrir el libro vía índice por la primera página de un cuento cualquiera, sin fijarme en los títulos y sólo en el número de página por el que comenzaba. Opino que cuando no tenemos tiempo para algo – y ése era mi caso – es mejor probar un jirón aleatorio de lo que tenemos delante, que seguir un orden preestablecido que sabemos no podremos concluir. Así que comencé a leer el texto, aguijonado por la cercanía de mi reunión. Empezaba presentando elegantemente como protagonista a un escritor, que se explicaba era oriundo de un pueblo de Lea Artibai pero residente en otro de las Encartaciones. El autor lo hacía aparecer recién levantado de la cama, justo al inicio de su jornada –era otoño, y se dejaba caer un cierto tedio vital. Tras una serie de pequeñas vicisitudes, muy jugosamente explicadas, con otras personas de su entorno más próximo – un adusto curilla, saludador profesional y trasunto de aquel Santa Cruz, un malencarado cartero de rostro cetrino, una miniconversación cansina y superficial con su esposa durante la atenta lectura desayunera de dos diarios (Deia y El Correo), sobre un atentado perpetrado el día anterior contra una casa cuartel – , el protagonista se conseguía sentar por fin en su despacho, e intentaba concentrarse, un tanto irritado por el encuentro con el curilla, en su trabajo frente/contra el folio. Reproduciré ahora, con permiso del lector pero no del autor y esto último no por gusto, las líneas que a partir de ese punto del relato me darían mucho que pensar durante las semanas siguientes:

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< <(…)”Érase una vez…algo.”, escribió Iñaki, como queriendo instaurar un inicio de cuento, en su primera acometida ante el folio. De repente, escuchó extrañado una voz que hablaba desde dentro de su cerebro, y que decía así: “Beno, exe algo, xehun y komo, no?”. Iñaki se asustó. La voz, nítida y resultona, era la de un pequeño nacionalista de altas boinas que habitaba en el cerebro, entre la zona del placer y la de la necesidad(...), probablemente bajo el hipotálamo. Iñaki trazó para ello un esquema a modo de armazón con el que construir su escrito: “Primero”, se dijo, “habrá una justificación del por qué se escribe, (…) luego un micromanifiesto generacional (“proselitismo identificativo”, en jerga políticamente correcta), después un pequeño ajuste de cuentas, (…) para finalmente exhortar a una gran movilización por encima de rencillas, y clausurar con una gran bronca final, sin la cual uno no pasa a los anales.” >>

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Releí atónito las líneas iniciales de las altas boinas y del resorte automático – “De repente”, según el narrador, “racatacamatraca” según Peridis -, porque me habían resultado muy rampantes y osadas como para estar escritas en aquel 1985. Releí también el manido esquema (manido para mí, quizá no para él), que denotaba una formación o curiosidad intelectual de cierto recorrido, puesto que la “corrección política” venía cuajándose en EE.UU. no hacía tanto tiempo pero penetrando peligrosamente, y aquello estaba publicado (insisto, escrito probablemente en 1984 o antes originariamente) en ese momento en que las “conejeras” tenían una actividad frenética en cualquier villorrio de Euskadi, en el que todo el mundo iba pegado a su DNI, y un año antes de que Txiki Benegas saliera a contarnos que habían ganado (si lo explicas hoy a alguien, no se lo cree) y que “aceptaban la responsabilidad”. Yo recordaba este contexto social mientras permanecía de pie frente a la estantería con el libro en las manos, al ver esas páginas publicadas y promovidas por una municipalidad del mismísimo Duranguesado (pues allí estaba el municipio en que me hallaba) en una época en que estas risotadas, aunque fuera en un cuentico, no eran demasiado populares. Cerré con interés el libro, y mi asombro aún subió hasta un pico casi de inquietud, cuando tras revisar la fecha de publicación y reabrir el volumen por la misma zona, un par de páginas adelante podían leerse estas respuestas, en un diálogo montado en el aire entre tres personajes: < <(…)“xehun y komo”, dijo un nacionalista con boina;(…) “segun y como”, dijo un no nacionalista que iba en bici;(…) “según y cómo”, dijo, finalmente, un apurado viandante que circulaba con prisa, preparado para que le llamasen de todo menos “vasco”, pero persuadido de lo que decía (…) “Al final”, pensó el viandante, “es lo de siempre: los que más me tildan de casi todo, serán los que han tirado las tildes por la placa turca…”>>

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2 Comentarios

  1. Anonymous
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    Hola Gorka. Estupendo el articulo de hoy. Todos los dias (cuando tengo un ratito) una de las cosas que busco con mas ganas es tu articulo el de Carlos y el de Rosa.
    !Vaya la que se ha armado con el manifiesto! lo que me parece un poco hipocrita es lo del PP, que hace leyes para discriminar el español y no las emplea pero claro cuando lleguan los nacionalistas, ocurre lo de Galicia y Mallorca.
    Por otra parte me gustaria pasarte una nota sobre una progama en TVE de la Uned y Numancia, asicomo un link a un articulo que viene hoy en El Mundo, pero no se como hacerlo a traves del blog.
    Te paso mi mail “www.eurobaltic@telefonica.net” y si te parece me pasas a este mail el tuyo y te lo paso por mail.
    Gorka sin ningun compromiso que conste, lo haces si lo crres oportuno.
    Yo soy Jose Maria Aldea Romero afiliado a UPyD desde la Plataforma Pro.
    Saludos

  2. gorka maneiro labayen
    | Responder

    Saludos, Jose Maria Aldea Romero, un placer lo que escribes. Mi dirección de correo es: gorka.maneiro@upyd.es. Escríbeme ahí cuanto consideres. Gracias.

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