Acabamos de dejar atrás una semana en la que no ha habido nada nuevo bajo el sol. Siguiendo su propio guión establecido, tal como se suponía tras el ocaso de las negociaciones con los socialistas, los terroristas atacaron dos Casas del Pueblo, las del barrio bilbaíno de La Peña y la de Elgoibar. Al fin y al cabo cada uno se dedica a lo que sabe hacer, y los que ejercen la profesión de la presión violenta y la amenaza permanente es probable que continúen haciéndolo mientras puedan seguir viviendo del cuento … y mientras su propio mundo se mantenga en su fantasiosa burbuja totalitaria abonada con ideología decimonónica y promesas varias, amén del apoyo institucional que estamos comprobando existe también en las más pequeñas localidades de la CAV, incluso por parte de los verdes que defiende el consejero Madrazo. Los demás, como ha subrayado el valiente concejal socialista de la última localidad atacada, a seguir adelante. Y a seguir dando la cara, como lo hizo semanas atrás la admirable concejal solitaria del Partido Popular en Mondragón, de quien por cierto no necesitamos subrayar que es mujer y no hombre, pues acostumbrados estamos por estos lares a comprobar que son casi siempre mujeres las que han venido dando la cara, en distintas manifestaciones y concentraciones a las que desgraciadamente tuve que asistir. Desde luego, debe ser más facil ser ministra que concejal en la Gipuzkoa profunda, por lo que los valores que supuestamente ha querido resaltar Zapatero de sus ministras, son más viejos que la guerra de Cuba, y por tanto, para algunos, no han supuesto dichas elecciones ministeriales nada digno de darnos un pasmo.
En fin, admito que cuando quiero solidarizarme me cuesta bastante hacerlo, pues soy de los que piensan que uno sólo puede solidarizarse desde la distancia. Puesto que los ataques producidos los he sentido como propios, me resulta harto complicado solidarizarme conmigo mismo. Pero lo haré públicamente, para resaltar, por si todavía no ha quedado claro, que vamos todos en el mismo barco. Barco que zozobra y con apenas víveres y sin tierra a la vista quizás, pero en el mismo barco de la democracia al fin y al cabo. Porque sí, los ataques son ataques al conjunto de la ciudadanía, a cada uno de nosotros, y quien todavía no lo aprecie de esta manera, tiene un serio problema.
Y, obviamente, también me solidarizo con las dos mujeres atacadas recientemente en Durango, miembros de la Unificación Comunista de España, hecho nulamente resaltado, ni en los diarios ni en los comunicados de condena de los distintos partidos. Será el clasismo que nos invade. No por habitual debe dejar de ser subrayado: lo que demuestra esta agresión es que todo aquel que pretenda realizar política fuera de los partidos nacionalistas que pululan (y decrecen en votos) por España entera, está amenazado. Vaya uno a vender periódicos defiendiendo el comunismo, o vaya uno a defender cualquier cosa que no compartan, desde la construcción de la autovía navarra al Tren de Alta Velocidad o la empanada gallega. Por tanto, tenemos un dato más y último que concluye el razonamiento siguiente: en este país, todo aquel que no se sienta en sus entrañas directa o indirectamente amenazado, tiene también un serio problema.

Sígueme en Twitter

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir notificaciones de nuevas entradas.