¿Y si fuéramos suficientes?

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Comprendo y defiendo sin mayor problema que la actividad política exige ciertas dosis de pragmatismo, flexibilidad y mano izquierda. Comprendo y defiendo sin mayor problema que los partidos políticos deben tener cierto margen para corregir sus posiciones originales, dialogar y converger con sus adversarios allí donde haya margen, acordar con quienes piensan distinto, adecuar en parte sus ideas a los tiempos que corren y pulir y actualizar su argumentario de modo permanente, según el momento político y a las necesidades de la gente. Una cosa es eso pero otra cosa es la modulación de su mensaje a conveniencia, ser capaces de decir sin rubor una cosa y la contraria, la preeminencia de la nada o el postureo como forma permanente de hacer política o incluso la traición a los electores y a los principios que supuestamente uno tiene. Pienso que los principios uno no debe nunca abandonarlos y que, si los abandona, es que no eran principios. Y sin principios no puede hacerse política digna.

Observo el comportamiento de los principales partidos políticos y me indigno. Tengo la sensación creciente de que se ríen de nosotros porque no les damos miedo. No les importamos. Creo que se comportan como se comportan porque se creen impunes y descartan que seamos capaces de ponerles en su sitio: algunos de ellos incluso se plantean como opción factible insultarnos con unas terceras elecciones y todo lo que ello supone. Les preocupan sus problemas internos (eso sí) y los resuelven como pueden (o no), pero no les preocupa el hartazgo social que permanece soterrado a la espera de una chispa que vuelva a colocarlo en la superficie y en los telediarios. Si no tienen otro objetivo que confundirse con el paisaje, asentar sus posiciones políticas o mantener su escaño, es mejor pedirles que se vayan. Y articular los mecanismos políticos que se precisen para hacerlo posible y regenerar de verdad la política en España. Tras meses durante los cuales han humillado a los españoles, creo que ya va siendo hora.

El PP exige al PSOE que se abstenga y facilite la conformación de un gobierno. Dadas las circunstancias actuales, no parece que haya otra alternativa posible… pero lo hace sin inmutarse el mismo día en que se pone a la altura de Bárcenas en el caso Gürtell… en lugar de regenerarse y pedir perdón por la corrupción política que ha generado. El PSOE no quiso negociar y plantear propuestas cuando pudo y ahora que parece que quiere, no creo que en absoluto pueda. Mientras tanto, sigue sin ofrecer un programa nacional y progresista para España mientras coquetea con los nacionalistas vascos y los secesionistas de Cataluña (incluso estuvo dispuesto a alcanzar el gobierno con quienes quieren romper España), como si uno pudiera ser considerado progresista mientras da cancha a los que pretenden romper el Estado y propiciar más desigualdad ciudadana. Sus errores estratégicos recientes son evidentes, pero su problema es mucho más profundo: no tiene un proyecto para España. Podemos ha sido transversal, socialdemócrata, comunista y socialista en unos pocos meses y ha defendido una cosa y la contraria, modificando su programa incluso drásticamente a conveniencia. Canalizó el hartazgo de millones de personas pero no plantea soluciones viables para España y no cumple con las ideas regeneradoras que prometieron. Es pura propaganda. Si a esto se le añade su asunción del derecho a decidir de los nacionalistas (esa falacia), concluyo que se ha convertido en uno de los problemas esenciales para regenerar y cambiar a mejor la política en nuestro país: dicho de otro modo, hoy Podemos ya es casta. Ciudadanos inició su andadura en Cataluña con la bandera de la libertad lingüística, la igualdad y una fuerte oposición a los nacionalistas ante el desbarre nacionalista de los socialistas. Esas banderas han sido abandonas por el partido naranja y otras cuantas que quedaron por el camino. La semana pasada Inés Arrimadas ofrecía al golpista Puigdemont “sumar fuerzas para una nueva financiación” para Cataluña. Le recomiendo humildemente que piense en el interés general de los españoles y actúe en consecuencia: aunque parezca complicado siendo diputada autonómica, se puede… y se debe. Lo otro es asumir definitivamente las tesis del catalanismo.

Observo el comportamiento de los principales partidos políticos y me indigno. Comprendo y defiendo sin mayor problema que la actividad política exige ciertas dosis de pragmatismo, flexibilidad y mano izquierda. Pero hoy prevalece en los principales partidos el sectarismo, la mentira y la falta de principios. Hoy es tan urgente como hace un año, dos, tres… ofrecer un proyecto político decente, nacional y progresista a los españoles, regenerar la política, impulsar reformas institucionales y constitucionales y parar los pies con argumentos y con política a los corruptos, a los populistas y a los nacionalistas que pretenden romper España. Somos muchos los que lo hemos hecho. Ahora hay que tratar de que seamos los suficientes para poder seguir haciéndolo… y tener éxito (es decir, ganarles en las urnas).