La igualdad de todos es incompatible con el nacionalismo

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“Y así estamos, con un PSOE cada vez más parecido al PSC en sus apuestas y en sus debacles”, apunta acertadamente Félix Ovejero en su artículo de hoy publicado en El País: “La corrupción sí, pero ¿hay algo más?”. Y es que ciertamente no es que deprima pero sí sorprende (y sólo en parte) que nadie en el fracturado PSOE actual haya apuntado al verdadero problema que afecta al PSOE y que le impide ser un partido político que vertebre España y ayude a resolver nuestros principales problemas (y especialmente el principal: el de la ruptura de la igualdad territorial y ciudadana y la desmembración del Estado): la ausencia de “un proyecto nacional, esto es, coherente y compartido” y el haber asumido “el extravagante supuesto de que la igualdad de todos es compatible con el nacionalismo”.

Porque los males actuales del socialismo español vienen de lejos y no son responsabilidad ni del PP ni de Podemos y tampoco de Pedro Sánchez, salvo por no haberles hecho frente, seguir la estela equivocada y abundar en los errores cometidos antes. El ex líder socialista se negó a dialogar y condicionar al PP cuando pudo hacerlo… y luego que parecía que al menos algunos de sus compañeros querían… ya no podían. Su error estratégico y su insistencia ha llevado a su partido al enfrentamiento y su casi ruptura. Pero es mucho más grave la ruptura de España y su división en mini estados que se dan la espalda que la ruptura del actual PSOE, por muy centenario que sea.

En mi opinión, es éste el error más grave en el que ha incurrido el PSOE (y realmente es mucho más que un error, es una deriva iniciada hace muchos años): el haber dejado de tener un proyecto nacional para España, el haberse echado en brazos del nacionalismo periférico, el haber asumido y defendido los privilegios económicos de los que goza el País Vasco y Navarra y el no haber entendido que la igualdad es incompatible con el nacionalismo; el estar dispuesto a conceder un pacto fiscal a Cataluña o el defender un Estado Federal asimétrico, como si el federalismo no exigiera, no sólo lealtad institucional sino, sobre todo, respeto al principio supremo de igualdad: mismas leyes para todos y todos iguales ante la ley; el haber asumido e incluso impulsado la inmersión lingüística en Cataluña e igualmente la imposición lingüística en Euskadi; el no entender que no hay nada más reaccionario que el nacionalismo, esa ideología profundamente reaccionaria que pretende crear nuevas fronteras y dividir a los ciudadanos; el haber abandonado la idea de una España de ciudadanos libres e iguales como idea progresista que merece la pena ser defendida; y el no haber comprendido que defender privilegios e identidades colectivas convierten a la izquierda en izquierda reaccionaria. Desde luego tiene otros muchos problemas, pero creo que el esencial es éste. Y éste no se resuelve creando una Federación Socialista en Cataluña: esto sería algo indispensable pero algo muy insuficiente y además dudo que sea posible.

Nadie parece que esté pensando en estas cosas dentro del PSOE, quizás porque se le acumulan los problemas internos o porque ni siquiera vean que éste es su principal problema. Si así fuera, el problema sería doble.