UPYD, la alternativa a la mala política

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Si estos últimos meses UPYD se ha renovado y fortalecido y ha sido capaz de superar todos los retos internos y externos a los que se ha venido enfrentando (Congreso Extraordinario, elección de un nuevo Consejo de Dirección, renovación de los Consejos Territoriales, recogida de avales y presentación de listas electorales, entre otros), las incorporaciones de Maite Pagazaurtundua y Fernando Savater como números 2 y 5 en la lista de Madrid, nos han vuelto a situar en cada vez más quinielas para volver con fuerza al Congreso de los Diputados el próximo 26 de junio. Y si no, al tiempo.

Lo dije en su momento y lo reitero: la pervivencia de UPYD no es un acto de cabezonería sino de responsabilidad política y amor a España. Es sencillo de entender: no hemos finalizado el trabajo iniciado en 2007. Es cierto que ahora hay más partidos pero es obvio que ninguno es ni de lejos como UPYD. Nuestras propuestas siguen siendo necesarias y no hay partidos que las defiendan todas ellas ni tampoco son defendidas con la misma profundidad y el mismo convencimiento. Hablo de la reforma de la ley electoral para que el voto de cada ciudadano valga lo mismo independientemente del lugar desde donde se emita, de la indispensable reforma del mastodóntico Estado Autonómico para acabar con las duplicidades existentes y el inmenso gasto político que provocan, de la indispensable despolitización de la Justicia hoy tomada por los principales partidos políticos, de que Educación y Sanidad sean competencias del Estado, de la supresión de las diputaciones provinciales y la agrupación de municipios para poder destinar más dinero a políticas sociales, del cierre del Senado, de la supresión de los regímenes fiscales excepcionales del País Vasco y Navarra, de la defensa de la soberanía nacional frente a los nacionalistas convencidos y pseudonacionalistas acomplejados, de la regeneración democrática, de la defensa de la igualdad, de la lucha contra las injusticias sociales o de la lucha contra la lacra de la corrupción política. Además de las propuestas, están las formas: nuestra honestidad, honradez, limpieza, sinceridad, vocación de servicio público, valentía y seriedad están fuera de toda duda y han sido y siguen siendo nuestra seña de identidad.

Durante los últimos meses se ha tratado de contraponer la nueva política representada por los partidos de Pablo Iglesias y Albert Rivera a la vieja política de PP y PSOE. 5 meses después de las elecciones generales del 20D, y tras haber padecido un vergonzoso circo mediático y una campaña electoral subvencionada con dinero público, podemos reiterarnos: la alternativa a la vieja política representada por el bipartidismo no puede ser el populismo de inspiración chavista pero tampoco el almíbar, la cosmética o el postureo que representa Albert Rivera, quien, por cierto, habla a diario de diálogo pero sigue negándose a dialogar con UPYD. Porque además nos negamos a caer en la trampa de los trileros políticos: la disyuntiva no es entre vieja y nueva política sino entre mala y buena política. Y ha quedado demostrado que esa nueva política de maquetación moderna ha terminado comportándose como la vieja e incluso en ocasiones peor. Puedo poner el mismo ejemplo que enarbolaron los nuevos pero actualizado a los hechos ocurridos: para la elaboración de las listas electorales, todos ellos sin excepción han preferido el dedazo a la celebración de Primarias. Nosotros hemos realizado Primarias porque creemos en ellas.

La buena política consiste en anteponer los intereses de los ciudadanos a los intereses de los partidos políticos. La buena política consiste en decir lo mismo antes, durante y después de las campañas electorales. La buena política consiste en mantener el mismo discurso en cualquier parte de España… en lugar de modificarlo, modularlo o directamente cambiarlo en función de intereses puramente electorales. La buena política consiste en dialogar de verdad, no en hacer como que se dialoga para intentar rascar un puñado de votos a los adversarios políticos. La buena política es respetar a la gente. Es no engañar ni engatusar ni manipular ni tergiversar. Es ser coherente y actuar con nobleza. Como dejó escrito Joseba Pagaza, pensar en lo de todos antes que en lo propio.

La alternativa a la mala política no puede estar representada por el populismo pero tampoco por la pura cosmética, el postureo, la impostura, la vacuidad política o la nada subvencionada. El cambio debe ser auténtico y de verdad. Porque no es lo mismo cambio que recambio. Y no se trata de cambiar de caras para que todo siga igual sino de impulsar las profundas reformas que necesita España para poder mejorar el bienestar de los españoles.

Por eso y a la vista del bochornoso espectáculo que hemos padecido (por mucho spot publicitario con el que nos amenacen para impedir que recordemos sus recientes mentiras) y teniendo en cuenta además la trayectoria política impecable de UPYD, aseguramos, con Fernando Savater, que la verdadera novedad para las próximas elecciones se llama UPYD. Con humildad pero con total convencimiento lo digo: somos la alternativa a la mala política, sea ésta vieja o nueva. Vamos a ser la sorpresa. Al tiempo.