La buena política no era esto

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Cuando en 2007 un grupo de personas lideradas por Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán y Juan Luis Fabo se deciden a crear un partido político para ayudar a resolver los problemas de España y de los españoles, lo que se pretende antes que nada es sustituir la mala política que nos avergonzaba por una política decente: lo que se pretende sobre todo es dignificar la política, anteponer los intereses de los ciudadanos a los intereses partidarios, decir lo mismo antes que durante y que después de las campañas electorales, defender las mismas ideas en cualquier parte del territorio nacional, anteponer lo de todos a lo de unos pocos, ser coherentes y decir siempre la verdad, no engañar ni engatusar con medias verdades o mentiras, no usar nunca la demagogia ni el populismo ni las soflamas ni la propaganda vacua, defender un cambio auténtico en lugar de un cambio puramente cosmético o de fachada, llamar a las cosas por su nombre, enfrentarse a los poderosos con la verdad por delante y la tranquilidad que confiere saber que uno actúa de manera honesta y honrada, respetar las instituciones democráticas y regenerarlas con medidas profundas que hoy siguen sin ponerse en marcha, decir lo que nadie quería ni quiere decir, rebelarse siempre ante todas las injusticias, ser exquisitos y austeros en el uso del dinero público, ser transparentes y modélicos, predicar con el ejemplo y respetar a los ciudadanos. Es decir, cambiar la forma de hacer política y regenerarla. O, dicho de otra manera, sustituir la mala política por la buena política.

Hoy día seguimos defendiendo la reforma del Estado autonómico y de la Constitución Española para acabar con las duplicidades, los despilfarros y la desigualdad en España. Hoy día seguimos defendiendo la reforma de la ley electoral para introducir las primarias y las listas abiertas, endurecer las incompatibilidades y asegurar que el voto de los ciudadanos vale lo mismo independientemente del lugar donde se emita. Hoy día seguimos defendiendo la soberanía nacional y que todas las personas tengamos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Hoy día seguimos defendiendo la libertad lingüística. Hoy día seguimos defendiendo que se profesionalice la Justicia y que los partidos políticos saquen sus manos de ella. Hoy día seguimos queriendo impulsar medidas para luchar contra la corrupción, suprimir los aforamientos, acabar con el despilfarro y la mala gestión, eliminar diputaciones, agrupar municipios y regenerar la democracia. Hoy día seguimos oponiéndonos a los recortes sociales y a la precariedad laboral y defendiendo el Estado del Bienestar. Esta misma semana hemos vuelto a defender en el Parlamento Vasco la supresión del Concierto Económico porque los supuestos “derechos” que no pueden extenderse al resto de conciudadanos no pueden considerarse derechos sino privilegios. Y un largo etcétera. Todas estas ideas son la esencia política de UPYD.

Sin embargo, siendo estas últimas medidas políticas fundamentales para modernizar España y resolver los problemas de la gente, me atrevo a decir que las primeras señaladas más arriba son en verdad mucho más importantes, porque además son medidas que llevarían a la aprobación de las segundas. Y, a la vista del circo mediático que han protagonizado las cúpulas de los principales partidos políticos durante los últimos 4 meses de campaña electoral subvencionada con dinero público, son más necesarias que nunca.

Hay quienes han venido reivindicando hasta dejarnos sordos la “nueva política” frente a la “vieja política”. Se han acabado las mentiras: cuando apenas hay diferencias sustanciales entre una y otra, lo que toca es seguir reivindicando la buena frente a la mala política. No creo que seamos personas extraordinarias. En verdad, somos simples ciudadanos comprometidos que queremos seguir defendiendo a España y a los españoles. Ésta es la disposición de UPYD. Y, tras el circo de 4 meses que hemos padecido, seguir defendiendo de manera humilde y constructiva un diálogo sincero entre distintos que nos lleve al cambio auténtico de la política en España.