Y conviene mantener la cabeza alta

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Tras 8 años de existencia, UPYD puede mostrar una hoja extraordinaria de servicios políticos en beneficio de la ciudadanía: fuimos quienes primero pedimos la indispensable reforma de la Constitución Española para que la Educación fuera competencia del Estado, quienes explicamos que defender la unidad de España y la igualdad de los ciudadanos es una idea profundamente progresista, quienes alzamos la voz incluso en Navarra y en Euskadi contra los privilegios fiscales navarros y vascos, quienes más y mejor luchamos contra la corrupción política, quienes demostramos la necesidad de reformar el insostenible e inviable Estado autonómico, quienes repetimos que España sufría no sólo una crisis económica sino además una crisis institucional y política, quienes hablamos y actuamos en pro de la regeneración democrática, quienes insistimos en señalar la injusta ley electoral que había que modificar para garantizar que el voto de cada ciudadano valga lo mismo independientemente del lugar donde se emita, quienes denunciamos la colonización de la Justicia por parte de los viejos partidos políticos y la necesidad de garantizar su independencia, despolitizándola y profesionalizándola, quienes reclamamos sin medias verdades ni disimulos la necesidad de conformar un Estado verdaderamente laico, quienes denunciamos la politización y, por ello, el latrocinio de las cajas de ahorros, quienes denunciamos el bipartidismo que todo lo controlaba y empeoraba, quienes nos enfrentamos al terrorismo de ETA y sus servicios auxiliares y quienes nos enfrentamos con argumentos a la lacra de los nacionalismos. Conviene recordar este bagaje ahora que nos hemos quedado sin representación en el Congreso de los Diputados y que miles de ciudadanos se sienten sin representación política (en el Congreso, en otras instituciones seguimos trabajando duro). Y conviene mantener la cabeza alta porque, a pesar de los errores que cometen quienes deciden tomar partido, hemos revolucionado la política en España y jamás ni engañado ni traicionado a nadie. Y conviene recordar que casi siempre estuvimos solos en esos desafíos.

Desde las elecciones europeas (o quizás desde antes) las cosas cambiaron. No haré ningún análisis profundo de los hechos que sucedieron: sólo diré que no fuimos capaces de superar los “obstáculos” a los que nos enfrentamos (forma suave de explicar lo que exige un libro entero). Como la historia la conocemos todos, apenas añadiré que esa experiencia que hemos acumulado debería servirnos en el futuro: hoy, cada uno de nosotros, somos o deberíamos ser mucho más fuertes porque hemos aprendido mucho. Y porque, conociendo mejor los enemigos que nos acechan y conociéndonos mejor a nosotros mismos, es seguro que sabremos hacerles frente mejor y con mejores resultados. Porque las batallas se libran para ganarlas.

¿Y ahora? Ahora observo la España en la que vivo. Y ahora concluyo que sigue siendo imprescindible un proyecto político progresista y laico que defienda la igualdad y la solidaridad y que denuncie todas las injusticias. Un proyecto político nacional que defienda los mismos principios en todos los lugares y que plantee las reformas necesarias para modernizar y regenerar España. Un proyecto político libre, independiente y autónomo que se enfrente a los poderosos y que siga hablando de lo que realmente importa. Un proyecto político que desarrolle la buena política (frente a la mala, antigua o nueva) y siga actuando con limpieza, honestidad y decencia. Un proyecto político como el nuestro que no engaña ni se disfraza ni se esconde.

Tras el resultado electoral, toca parar unos días, coger aire y reflexionar sobre todas estas cosas. Sobre el trabajo desplegado y el futuro inmediato de España. Comprendo que haya quien pida respuestas ya mismo, pero es muy saludable y muy necesario reflexionar con calma al menos unos días porque, en política, en demasiadas ocasiones los acontecimientos se precipitan y apenas hay tiempo para la reflexión y la pausa.

Así que… Felices Fiestas: en unos pocos días, hablamos de nuevo.