Lo que quiere una inmensa mayoría de ciudadanos

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Si uno relee el manifiesto fundacional de UPyD, puede fácilmente confirmar que teníamos razón, que eran esos los problemas fundamentales del país que estábamos decididos a intentar resolver:

– la existencia de los nacionalismos periféricos y disgregadores que, insaciables, anteponían la defensa de sus intereses particulares al interés general de los ciudadanos españoles y , sobre todo, la ausencia de un partido político nacional que fuera capaz de defender el bien común y los mismos principios políticos en cualquier parte del país;

– el sectarismo político imperante y la partitocracia: los partidos políticos tradicionales antoponían la defensa de sus intereses particulares y electorales a la defensa de los intereses de la ciudadanía;

– la opacidad de los partidos políticos;

– la corrupción política institucionalizada que el bipartidismo había promovido y sustentado, con la colaboración y ayuda de los medios concertados y los partidos nacionalistas, cobeneficiarios en última instancia de un sistema en el que se sentían cómodos.

– la politización de la Justicia española;

– la politización de las cajas de ahorros;

– la politización o la privatización a su servicio llevada a cabo por los partidos políticos tradicionales para controlarlo todo, desde la Justicia hasta los medios de comunicación, pasando por los órganos reguladores o los tribunales de cuentas;

– la derrota definitva de ETA.

A día de hoy, los problemas señalados por UPyD se mantienen y los que parece que surgieron después, en el fondo son consecuencia de todos los arriba señalados: el endurecimiento de la crisis económica, la multiplicación de los recortes sociales, el alejamiento de la ciudadanía respecto de los partidos políticos, el desprestigio de la práctica totalidad de las instituciones del Estado, el incremento de la desigualdad y la pobreza, la visualización de la corrupción política y la impunidad o el crecimiento del populismo y la demagogia.

Y las recetas para resolver esos grandes problemas que en 2007 ya existían y que sólo UPyD fue capaz de señalar en un manifiesto fundacional al constituirse como partido político se mantienen: reforma constitucional para reformar el modelo de Estado para garantizar su viabilidad y la igualdad ciudadana, supresión de todos los privilegios existentes, supresión de las diputaciones, fusión de municipios, reforma de las leyes electorales para asegurar la igualdad de voto, listas desbloqueadas, primarias obligatorias en todos los partidos políticos, medidas de regeneración democrática, lucha denodada y sin cuartel contra la corrupción política, profesionalización de los órganos reguladores, supresión de la administración paralela creada por los partidos viejos para colocar a su gente, medidas en favor de la transparencia dentro y fuera de los partidos políticos, lucha contra el amiguismo y el enchufismo, consideración del derecho a la información como un derecho fundamental de los ciudadanos, reforma de la ley educativa, despolitización de la Justicia, defensa de las víctimas del terrorismo… y un largo etcétera.

Bien sabéis y lo saben ellos que todo esto ha sido nuestra guía de toda nuestra actuación política. Bien sabéis y lo saben ellos que hemos señalado con argumentos y datos los problemas reales existentes y presentado propuestas de alcance para pretender resolverlos. Bien sabéis que nos hemos mantenido alejados del populismo y de la demagogia y que hemos optado por ser siempre rigurosos, serios y profundamente institucionales. Bien sabéis lo que nos ha costado y lo mucho que hemos disfrutado haciéndolo, a pesar de lo mucho que nos han maltratado y a pesar que seguirán intentando hacernos desaparecer (aplastarnos como una nuez). Cuando digo ellos digo los que pretenden salvar el sistema político corrupto que tienen montado. Cuando digo ellos digo los que pretenden salvar los muebles de bipartidismo. Los que pretenden impedir que nada cambie. Los que se han beneficiado de la opacidad y de la corrupción política.

La tarea para regenerar la democracia es apasionante. Sin duda, más complicada de lo que un servidor se imaginó en los inicios de este proyecto. Que haya tantas reticencias por parte de los quieren impedir que nada cambie, de los que quieren defender sus privilegios, de los corruptos o de los que han vivido y viven de la sopa boba y del cuento… a aplicar medidas razonables para regenerar la democracia y modernizar el país me confirma que, con errores y aciertos, defendemos lo correcto. Y, en mi opinión, lo que quiere una inmensa mayoría de ciudadanos.