Urkullu, acorralado

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Al Lehendakari Urkullu y al Gobierno Vasco se le acumulan los problemas. A través de nuestra firme, rigurosa e incansable labor parlamentaria, estamos poniendo en evidencia los modos y las maneras de actuar del PNV, intocable durante demasiados años gracias al pasotismo de demasiados y al miedo de casi todos los partidos políticos vascos a desenmascarar sus malas artes, sus falacias y su prepotencia. Intocable durante lustros gracias o por culpa de los complejos de todos cuantos consideran que el PNV es el partido que debe gobernar sí o sí Euskadi, lo haga regular, mal o rematadamente mal y que la única aspiración posible es la de acompañarle ejerciendo de palmeros. Durante los últimos cinco años, he oído en el Parlamento Vasco a distintos portavoces parlamentarios señalar que en Euskadi no hay corrupción, que el PNV es un buen gestor o que en el País Vasco todo va en general bastante mejor. Y todos ellos han mendigado la comprensión y la aceptación del partido que ahora sustenta un gobierno claramente contra las cuerdas.

UPyD lleva años impulsando la acción política que esperan miles de ciudadanos vascos hartos del discurso nacionalista de los nacionalistas y del discurso apocado de los que, sin serlo, se comportan habitualmente como si lo fueran. Hartos de los que piensan que un partido político está para defender sus propios intereses particulares, ese mal que lastra a Euskadi y al conjunto de España. Y hartos de los que piensan que regenerar la democracia es llevar una camisa más moderna. UPyD lleva años impulsando la acción política que esperan miles de ciudadanos vascos hartos de la corrupción soterrada, el amiguismo, el enchufismo y el reparto de cargos en esta empresa pública o en aquella otra.

Ahí están nuestras recientes iniciativas parlamentarias para denunciar el caso de Ibarzaharra, sociedad pública donde cobraban pero no trabajaban determinados amigos del PNV, con el silencio cómplice y pactado del PSE. Ahí está nuestra iniciativa parlamentaria para impulsar la creación de una Comisión de Investigación que analizara el dispendio de dinero público (más de 60 millones de euros) habido en Epsilon e Hiriko, que ayer finalizó sus trabajos y que hizo responsable al PNV de ambos proyectos fracasados. Ahí está nuestra solicitud expresa de que dimitan o se despida a los miembros del PNV incluidos en las conclusiones aprobadas, aunque el PSE y el propio PNV hayan impedido que los nombres y los apellidos de los responsables aparezcan en el dictamen definitivo. Ahí están, destapados por UPyD, los escándalos de las publicidades pagadas al menos por cuatro departamentos del Gobierno Vasco a medios afines con un doble objetivo: financiarlos ilegalmente (ya superan los 90.000 euros) y asegurarse las correspondientes loas a la labor de este insoportable gobierno. Ahí está nuestra inminente denuncia ante los Tribunales de Justicia para que estos concluyan si es delito (que es ilegal no hay duda) que el Gobierno Vasco pague a un medio de comunicación una determinada cantidad de dinero para que, a cambio, el medio de comunicación amigo entreviste a un alto cargo del gobierno. Ahí están, denunciadas por UPyD, las clases de oratoria pagadas por el Gobierno Vasco a dos consejeros, habida cuenta que, al parecer, no vinieron aprendidos de casa. Ahí están las clases de inglés injustificadas pagadas a varios altos cargos. Ahí están, en fin, y hablo sólo de parte del trabajo desarrollado en los últimos 6 meses, nuestra iniciativa para acabar con la politización inaceptable del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas.

Todo esto es lo que debe hacerse y lo que estamos obligados a hacer. Y lo que estamos haciendo. Tras este trabajo, al Lehendakari Urkullu se le ha cambiado el rostro y el semblante. Su gobierno va a la deriva y él está acorralado. Se le acumulan los escándalos y tiene enfrente a quien, no sólo denuncia sus desmanes, sino que además, y es lo fundamental, tiene un proyecto alternativo para regenerar la democracia, defender el interés general y hacer las cosas de otra manera.