100 días de soledad de Urkullu

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El PNV decidió hace cien días formar gobierno con 27 de 75 parlamentarios, es decir, con un tercio de los diputados elegidos en las últimas elecciones. Fue una decisión libremente tomada, obviando lo que tal cosa podría suponer en el presente y futuro inmediato y que ya ha sido evidenciado en distintos plenos parlamentarios: que se encuentra en franca minoría parlamentaria, con todo lo que ello supone de debilidad política. Durante estos primeros cien días, el gobierno no ha impulsado ni una sola de las reformas que Euskadi sigue necesitando: ni ha impulsado una reforma fiscal para lograr tener una fiscalidad más justa y progresiva y que nos confiera más fondos para enfrentar las estrecheces presupuestarias en las que nos vamos a encontrar en los próximos ejercicios, ni ha impulsado un Plan Conjunto de Lucha contra el Fraude Fiscal que haga frente al problema del fraude en Euskadi y que nos facilite más fondos para este mismo ejercicio, ni ha presentado un plan concreto y conciso para reducir la pléyade de entes, empresas públicas y fundaciones opacas e inútiles que pululan por nuestros lares y que chupan nuestros escasos recursos ni, desde luego, ha movido un dedo sino más bien todo lo contrario para reformar el entramado institucional vasco, asunto indispensable para reducir duplicidades, ineficiencias y gasto superfluo. Esta semana nos ha presentado un Plan de Empleo y un Programa de Financiación para Pymes y autónomos que se antojan claramente insuficientes y quizás irrelevantes para crear empleo e impulsar la actividad económica, dado que no van acompañados de un Proyecto de Presupuestos que sirva para incentivar el crecimiento, crear empleo estable y de calidad y salir de la crisis sin recortes sociales. De hecho, este Proyecto de Presupuestos que se nos ha presentado se caracteriza por los recortes múltiples que plantea, por ser un proyecto que no sirve para salir de la crisis y por ser un proyecto que sustenta un proyecto político nacionalista que afianza un modelo de Euskadi que nosotros pretendemos modificar. Eso sí, este Gobierno ha defendido el mantenimiento y la multiplicación de embajadas en el extranjero y el mantenimiento de partidas identitarias que ni siquiera el Gobierno de López eliminó y ha anunciado su deseo de avanzar hacia la construcción de una “nación vasca en Europa”, es decir, justo aquello que no necesitamos. Estos días se han caracterizado por la inacción política y económica del Gobierno de Urkullu, algo que la sociedad no puede permitirse habida cuenta la situación de crisis económica, desempleo y recortes en la que nos encontramos.