NACIONALISMO-DIÁLOGO-NEGOCIACIÓN.

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Nosotros distinguimos perfectamente bien el llamado nacionalismo democrático o institucional de aquel que se apoya en el terrorismo y es, por tanto, antidemocrático. Sabemos que no son la misma cosa y que sería injusto y poco acertado meterlos en el mismo saco, pero esto no puedo ser excusa para que no podamos mantener nuestra crítica política al nacionalismo, incluso después de que el segundo haya desaparecido.

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El nacionalismo, incluso el más pacífico, es una ideología profundamente reaccionaria, que antepone la patria a los ciudadanos, que divide a las sociedades y resquebraja todos los consensos. Es un movimiento decimonónico de raíces antidemocráticas y antimodernas, que rechaza una de las más grandes conquistas de la libertad, que es la creación del individuo soberano, convirtiendo a la persona en una mera expresión de un colectivo. De este modo, el nacionalismo convierte la pertenencia a la nación en un valor supremo de la vida política. En palabras de mi amigo y maestro Mario, los nacionalistas son hombres-nación… y nosotros los demás únicamente hombres.

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Así, identifican su particular proyecto con el del conjunto de la nación y dejan a quienes no lo comparten fuera de la comunidad política: de ahí que las descalificaciones nacionalistas terminan reduciéndose siempre en hacer del rival político – ahora, nosotros, por ejemplo – un sucursalista, un invasor o un extranjero. El famoso “ellos y nosotros” de Xabier Arzalluz.

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Y claro, al nacionalismo antidemocrático también nos dirigimos y planteamos nuestra oferta: ¿estáis dispuestos a aceptar la democracia? Si la respuesta es no, os espera más pronto que tarde la marginación política, cuando no la cárcel en el caso de que optéis por comportamientos delictivos. Si la respuesta es sí (y esto es lo más conveniente para todos), se trata de crear un partido político que respete la legalidad vigente, como hacemos el resto de los mortales. Las elecciones os darán o no la opción de lograr representación parlamentaria, desde donde os tocará lidiar con guapos y feos, dialogando, negociando y tratando de convencer a quienes disponen de opiniones divergentes a las vuestras. La formación de mayorías y acuerdos os permitirán modificar o aprobar nuevas leyes que nos gobiernen. Sin otro arma que la palabra. En esto consiste la democracia.
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Viene insistiendo Arnaldo Otegi en los últimos tiempos en que todos los conflictos, también el apellidado como vasco, terminan resolviéndose mediante el diálogo y la negociación política. Y tiene razón, por mucho que haya querido decir cosa diferente: los conflictos políticos se resuelven mediante la negociación y el acuerdo, ciertamente. Para eso están los parlamentos del mundo y por eso sobran las bandas terroristas.

2 Comentarios

  1. Seldon
    | Responder

    Los terroristas y la violencia Sobran.

    Como siempre, muy acertado.

    Enhorabuena

  2. Anonymous
    | Responder

    No tienes ni idea chavalin. Nuestropieizquierdo.blogspot

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