JOHN STUART MILL.

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JSM (1806-1873) fue uno de los pensadores más significativos del liberalismo británico. JSM sostuvo la necesidad del gobierno representativo y la libertad de expresión, como fundamentos esenciales de la vida política. Se manifestó opuesto a la idea egoísta que concentra todos los esfuerzos del individuo en la conquista exclusiva de la felicidad. Contrariamente, opinaba que “vale más ser un Sócrates descontento que un necio satisfecho”. Sostenía que quien persigue directamente su propio bienestar, puede fracasar en tal empeño. Señala el carácter social de la moralidad y considera la justicia y el altruismo principios fundamentales. Abogó, con todo entusiasmo, por la emancipación de las mujeres y fue el primero que llevó su causa al Parlamento. Admitió la propiedad privada pero solicitó reformas que mitigasen las desigualdades. Se alejó de sus iniciales simpatías hacia el “laissez faire” y reconoció la incapacidad e insuficiencia del esfuerzo individual como único remedio posible. JSM consideraba la democracia como la mejor forma de gobierno, y que la intervención en la vida pública desarrolla las facultades morales e intelectuales de las personas que toman parte en ella. Estimaba que el progreso social depende de la concesión a los individuos de las mayores oportunidades, para que puedan desarrollar libremente sus actividades. Defendía la tolerancia en relación a todas las opiniones; y la libertad, sin barreras, en la expresión y disensión de todas las ideas. Subrayó el valor de la originalidad y los beneficios que resultan de la variedad en las ideas y en las obras de los hombres. Se opuso a una educación del Estado que constituyera un medio para modelar a los hombres en lugar de para fomentar su talante crítico y su autonomía intelectual. Defendió el sistema de representación proporcional con el fin de que la distribución de los escaños respondiera lo más fielmente posible a los votos emitidos. Y se mostró adverso a la remuneración de los parlamentarios y al voto secreto, por estimar que favorece el egoísmo y la irresponsabilidad del elector que emite su sufragio.

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