EL MARIANISMO.

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“Surgiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria”, escribió el inolvidable Groucho Marx, afirmación que Mariano, inventor del Marianismo, podría adaptar: “Surgiendo de dos incontestables derrotas electorales, alcanzaremos el … centrismo”. Al paso que lleva su partido, con dos derrotas electorales más, el punto álgido por el que tronarán será… el más absoluto de los ridículos. Y seguirán buscando, con más pena que gloria y sonora miseria, el lugar donde más votantes deben acumularse. Ése es su objetivo único: llegar al gobierno.
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Ciertamente, a Mariano se le ve más suelto en los últimos días, una vez dejados por el camino lastres varios y supuestos críticos de los más diversos pelajes. Teatro sigue haciendo el mismo, pero parece que le cueste algo menos o lo practica con cierta naturalidad. Le debe ir más con su carácter decir banalidades. Con aspecto de bonachón y dando la sensación que habla para los más tontos del lugar, es capaz de rizar el rizo del cutrismo político y la simpleza argumental. Todo por un voto más, al menos uno más. La última ha sido resumir lo que significa el Marianismo: el centro, las mujeres, el diálogo y el futuro. Creo que podría haber añadido, como culmen del populismo, “y el buen fúrbol”… Con semejante bagaje argumental, nos sobra el Bachiller.
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En cuanto al centro, eureka, sabemos lo que es: el lugar al que se llega evitando todos los temas conflictivos, eludiendo llevar la contraria a la mayoría y repitiendo lo que todos quieren oir: lo inverso de decir amén a los locos. Se ataja, por lo que se ve, si se tiran a la papelera cuantos principios uno pueda tener, si es que tuviera alguno, que ya se duda. Y sabemos cuánto votante habita en tan saludable lugar: ¡la mayoría! No sabemos si la opinión de los populares acerca de los homosexuales ha variado, ni si sus contubernios con los más integrales de la Iglesia Católica se mantienen vigentes. Suponemos que mantendrán su variada postura sobre Educación Para la Ciudadanía, que no habrán renunciado al capitalismo y que la disparidad de opiniones en cada autonomía se mantiene, según interese. Pero tampoco importa nada de esto, realmente. Hace siglos que Mariano evita dar demasiados argumentos ni explicar muy pormenorizadamente ninguna de sus intenciones… no vaya a ser que sus votantes huyan carretera arriba. En esto se parece a casi todos sus compañeros de trabajo. El centro… y poner cara de ciudadano “normal”: “Mire ushted, losh problemash de la gente”. Así pues, el centro como idea emanada del más básico de los cerebros.
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Después … las mujeres. Suponiendo que esto no lo dirá por él, lo que no nos ha dicho ha sido cuántas mujeres (intuyo que una más que Zp, como si fueran trofeos), ni cuáles mujeres, ni cuánto de preparadas mujeres, ni si centristas mujeres o muy católicas mujeres o todas las mujeres o si las mujeres de EHAK, que también deben serlo. Mujeres y punto, como condición última y primera. De donde, por cierto, deducimos, el porqué de sus elecciones más cercanas: eran mujeres. Lo cual, hablemos claro, es un insulto a la mujer: ella quiere lo mismo que nosotros, supongo: que se le valore individualmente por lo que hace o por quién es.
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Más: el diálogo. Siendo político, que lo reclame es tan revolucionario como que Indurain hubiera amenazado en una etapa reina: “subiré al puerto en bicicleta, aviso”. No concreta con quién ni sobre qué ni cuándo ni cómo … ni en qué idioma. Ni, lo más importante, qué defenderá él en cada conversación. Supongo que con este tercer principio básico… estará un poco más en el centro y más cerca de Patxi López, quien días atrás nos alumbró vía … ¡documento oficial!: “el diálogo implica necesariamente la existencia de dos interlocutores distintos”. Reconozco que lo de “distintos” me aclaró bastante la materia. Por lo demás, y poniéndonos serios, un político que no dialogue es tan útil como Raúl en la Eurocopa.
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Y, finalmente, el futuro, de donde suponemos que, al menos, no soportaremos semejante losa en el presente. Lo cual no deja de ser un alivio. Mariano siempre confió en el futuro. Pero el problema es que no lo termina de alcanzar.
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