SUBALTERNOS DEL PNV.

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Oskar Matute, dirigente de Ezker Batua y líder de la alternativa a Javier Madrazo, fue entrevistado el pasado jueves en el Diario Vasco. Ciertamente, de sus (¿explosivas?) declaraciones no podemos llegar a la conclusión de que se sienta demasiado orgulloso de la labor realizada por la organización que representa durante los últimos años. Más bien, podemos deducir que se siente arrepentido o casi, cuando no avergonzado, de la tarea llevada a cabo.
En la entrevista, a parte de tomar legítimas posiciones de cara a la Asamblea del 31 de mayo, más allá de reivindicar el enésimo giro a la izquierda de sus posiciones (de tanto “girar a la izquierda” van a terminar conduciéndose en sentido contrario), más allá de topicazos del tipo “debemos ser el altavoz de los trabajadores y los movimientos sociales” o reivindicarse como “organización contestataria“, observamos cierto examen de conciencia, más probablemente llevado a cabo por los contínuos reveses electorales que por convencimiento propio.
Así, reconoce (¡por fin!) que su proyecto supuestamente de izquierdas “ha quedado difuminado por nuestra presencia en el gobierno y porque en el imaginario colectivo se ha extendido de manera preocupante la sensación de que EB no es un proyecto autónomo sino que más bien parecemos una formación subalterna, ligada al tripartito y al PNV“. Algo parecido a lo que tantas veces hemos repetido algunos de nosotros: que la EB de Madrazo ha sido el tonto útil del nacionalismo vasco, que su labor no ha sido en absoluto la de la defensa de la clase obrera ni de los más desfavorecidos, sino que han trabajado como titanes para el fortalecimiento del PNV y su mantenimiento en el poder, para el mantenimiento de su status quo y todo lo que hay detrás, para el fortalecimiento del maléfico pacto de Lizarra, para evitar que este país abriera las ventanas y fuera posible un gobierno distinto. Labor más puramente conservadora es difícil encontrar. EB, tantas veces lo hemos dicho, nos defraudó a tantos que huimos en desbandada, reconvertida en un ente nacionalista más, sin proyecto autónomo y presto a ser el comodín de los más obtusos políticos nacionalistas.
Y reconoce Matute más cosas: como que se han mantenido “en un gobierno que mantiene acciones que no compartimos en el terreno educativo, sanitario o de infraestructura“. Como si hubieran permanecido sedados todos estos años, en estado de locura política transitoria, pues no será porque no se les haya repetido unas cuantas decenas de veces que su estrategia era incomprensible para la izquierda y para un electorado progresista. Y reconoce “actuaciones erráticas en el plano de las alianzas” y que se ha producido un divorcio entre su organización y la base electoral… si aún existe de ésta.
En fin, como para que luego se extrañen de que ni estando en el gobierno y repartiéndose cargos suben en votos. Como para que les sorprenda los concejales que los representan, a lo largo y ancho de los tres territorios, tan indignos como comprensiblemente asustadizos. Pero que no esperen ahora, en estos seis meses que restan para las elecciones, recuperar un mínimo de credibilidad: supongo que sólo les votarán cuatro nacionalistas.

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