JESÚS, UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA.

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Hace aproximadamente tres años quise ponerme en contaco con un sacerdote que me solventara ciertas dudas. Como no me gusta quedarme con la copla de lo que cualquiera puede inventarse ni escuchar mentiras como si nada, a menudo busco a personas que sepan más que yo (el abanico es amplio) y converso con ellas o … simplemente las escucho. Teniendo en cuenta que sobre lo que quería despejar mis dudas era sobre la historia de la Iglesia Católica y determinados aspectos de la vida de Jesucristo, me aconsejaron: “Mira, ¿sabes quién te va a explicar todo esto de maravilla? Jose Antonio Pagola, ex vicario de San Sebastián”. Lo llamé, quedé con él y nos tomamos él un cortado y yo, un vino tinto.

Inicialmente me observaba como si tratara con un especimen extraño o alguien dispuesto a arrojar su vida desde la ventana más próxima. Después sonreía y se mostró feliz de que un jovenzuelo quisiera hablar con un cura un sábado por la mañana, y que el motivo no fuera confesarse ni buscar desesperadamente recuperar la fe perdida (que, por cierto, también podría haber sido).

Como acababa de leer cierto best-seller embaucador y falto de verdades históricas sutilmente reflejadas, directamente le pregunté, ante las dudas: ¿Qué hay de verdad en todo? Y además: ¿Cómo fue la vida de Jesús? ¿Con quién trató? Y también acerca de su relación con su familia más cercana, con las mujeres, con los poderosos del momento y el legado que nos dejó. Pagola, feliz de explicarme todo cuanto conoce de la historia del profeta, me adelantó: estoy trabajando en un libro que en unos años saldrá a la luz. Te recomiendo su lectura. Este libro es, evidentemente, Jesús, una aproximación histórica, que tantos ataques inquisitoriales está recibiendo, él último, de Rouco Varela, que lo censura y desaconseja su lectura. Antes, de todos cuantos quieren evitar que se divulgue un Jesús humano, los más cerriles de la curia.

Y de la lectura del libro escrito a partir de estudios históricos llevados a cabo por los más reputados historiadores (que no teólogos), una amplia biografía pormenorizadamente atendida y un trabajo en el que se ha dejado los ojos, el corazón y el cerebro, deduzco las mismas cosas que tan bien me explicó aquella mañana de sábado, frente al mar: Jesucristo fue un hombre cuya característica fundamental fue que trató con todas las personas que en aquella sociedad estaban más públicamente rechazadas, desatendidas y menospreciadas, con las mujeres a las que trató de la misma manera que a los hombres (impensable en aquella época), ofreciéndoles su amistad y su cercanía, con enfermos de los que la mayoría huía, con putas, borrachos y desheredados tirados en las esquinas. Un personaje que se acercaba a cuantas fiestas se organizaban y que conversaba con los más variopintos personajes, que trató a todos por igual independientemente de la clase a la que pertenecieran y al dinero de sus bolsillos. Jesucristo fue un hombre que vivió como un ser humano inolvidable cuyo recuerdo, por las razones que sean, llega hasta nuestros días. Al igual que Confucio, Mahoma, Buda u otros personajes históricos, y a pesar del tiempo transcurrido y las manipulaciones de los mandatarios del Vaticano (quienes, según mi interlocutor, no siguen las enseñanzas primeras) y de las guerras de religión, el recuerdo de Jesús ha llegado hasta nosotros por la dificultosa vía de los estudios históricos y la transmisión oral. Un modelo de vida aplicable en parte hoy día, no sin dificultades, desde luego.

En un momento determinado del encuentro le lancé una pregunta que inicialmente le sorprendió: “Por lo que me estás contando, él era un político, ¿no?”, a lo que me respondió negativamente para corregirse poco después (él creyó primeramente que yo utilizaba despectivamente el término “político”). Fue, ciertamente, un político, porque ejerció la palabra pública sobre los asuntos que concernían a la sociedad del momento, negándose a mirar para otro lado cuando veía a un necesitado y jugándose la integridad física. Fue también, por cierto, un revolucionario y un curador, fiel a sus propias normas y contrario a considerar necesario todo cuanto hasta ese momento se consideraba obligatorio según las tradiciones judías heredadas. Qué cosas me vienen a la memoria.

Recuerdo habitualmente aquel encuentro con Jose Antonio Pagola. Lo revivo estas semanas que leo su vilipendiado libro. Un servidor lo recomienda. Y que cada uno, obviamente, saque sus propias consecuencias.

4 Comentarios

  1. Anonymous
    | Responder

    dudo que se deje el cerebro ya que carec ede él.
    Por cierto seguro que llegas lejos, las criticas a ROuco se cotizan al alza, ya solo te faltan Federico Jimenez Losantos, Pedro J. Ramirez y Aznar.
    Animo chaval!!!

  2. De Aznar no creo que hable mucho porque lo veo como algo bastante lejano, Pedro J no me cae mal y Federico Jimenez Losantos… ¡de momento nos apoya! Pero no se preocupe usted, señor Anónimo, todo se andará. Y en cuanto a llegar lejos, no tengo intención. Salvo que sea para huir de los intolerantes…

    Besos.

  3. Margot Osorio
    | Responder

    Es bueno recordar y pesar sobre aquella frase de Arthur Schopenhauer:
    “Toda verdad pasa por tres etapas:
    primeramente se la ridiculiza,
    luego se la discute violentamente,
    finalmente, se la acepta como evidente.”

  4. Es impresionante que la iglesia hya querido prohibirlo. No solo chupan del bote sino que encima nos quieren censurar la lectura. Que mas nos espera???

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