COSTUMBRES PARA TODOS.

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Ni es 28 de diciembre ni nos hemos pasado con el verdejo. Diarios y radios me confirman lo alucinógeno: el Partido Popular valenciano, vía Camps, insiste en su peregrina idea del contrato para inmigrantes que en las últimas elecciones estuvo a un tris de convencerme del pelaje xenófobo de ciertos personajes públicos a los que algunos llaman liberales. Si éstos lo son, cómo serán los del ala dura. Pues sí, es cierto: el Gobierno Valenciano prepara una ley por la que los extranjeros deberán suscribir un documento comprometiéndose a respetar “las leyes, los principios y las costumbres españolas y valencianas”. Si esta cosa se extendiera al resto del país y a todos los ciudadanos, ya me veo en la cola, presto a firmar firme adhesión a las costumbres que me rodean, inclusive la de no pagar las cuotas. Conociéndome, es más probable que me vean en el trullo, a buen recaudo, “integrado” aunque preso, antes que pasar por el aro.

Es triste que un estudiante de Ciencias Políticas tenga que explicarle a Camps, presidente autonómico, que los inmigrantes deben cumplir las leyes españoles, como todo bicho viviente, y punto pelota. Lo de las costumbres (o las tradiciones, que también reclaman) va por barrios y depende de cada cual: escupir en el suelo, ir a los toros, lanzar botellazos a los árbitros en los estadios (¡delito y por lo tanto punible, al menos supuestamente!), hablar a gritos… o comer rica paella. Hay de todo tipo y de todos los colores. A mi suegro le gusta ir donde no caminan multitudes, y un servidor es capaz de entrar en un bar a codazos. Conozco personas que asisten a misa domingos y fiestas de guardar y a otras que se peinan con raya al medio o fuman en exceso. Hay quien echa siesta española y quien compone bertsos o baila la parrala. Algunos, de tan maniáticos, pisan calle con la pierna izquierda y otros rezan tres padresnuestros antes de acostarse. Hay quien se ducha antes de desayunar y otros que prefieren hacerlo al mediodía. Ejemplos hay mil, y nadie está premiado ni en la cárcel por cumplir o no cumplir costumbres o tradiciones.

Rizando el rizo y rozando el ridículo, nos anticipan que nadie podrá ser excluido de ningún derecho, pues carecen de competencias. Así que es más una declaración de intenciones que una solución a determinado problema. Pues menos mal. Mimi Boughaleb, portavoz del Foro Alternativo de la Inmigración, ya ha rechazado tamaña iniciativa, por buscar la “asimilación” de los inmigrantes antes que su integración. Esta denigratoria idea de patio de colegio que pretende hacer firmar un papel para cumplir la ley no se va a aplicar… pero nos sirve para conocer un poco mejor en manos de quiénes estamos.

Un comentario

  1. titotrinidad
    | Responder

    Tienes mas razón que un santo, los “contratos de inmimgracion” son medidas vacías de contenido que se publicitan para calmar los animos de la gente que ve que los inmigrantes colapsan los servicios sociales

    Un inmigrante debe tener los mismos derechos y responsabilidades que un español, ni mas ni menos.

    un saludo

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